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Orar

Miércoles, 16 de diciembre de 2026

Miércoles de la 3ª semana de Adviento

Adviento · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Ven, Señor, no tardes,

ven, que te esperamos;

ven, Señor, no tardes,

ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,

el alma perdió el calor,

los hombres no son hermanos

porque han matado al Amor.

Envuelto en noche sombría,

gime el mundo de pavor;

va en busca de una esperanza,

buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida

y le falta corazón;

le falta cielo en la tierra,

si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,

baje el rocío a la flor,

ven, Señor, no tardes tanto,

ven, Señor. Amén.

Una clara voz resuena

que las tinieblas repudia,

el sueño pesado ahuyéntase,

Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma dormida

y sus torpezas sacuda,

que para borrar los males

un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero

que ha de lavar nuestras culpas;

con lágrimas imploremos

el perdón que nos depura,

porque en su nueva venida

que aterroriza y conturba,

no tenga que castigarnos,

mas con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria,

loor al Hijo en la altura,

y al Espíritu Paráclito

por siempre alabanza suma. Amén.

Salmodia

Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Salmo 85

Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor; escúchame,

que soy un pobre desamparado;

protege mi vida, que soy un fiel tuyo;

salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,

que a ti te estoy llamando todo el día;

alegra el alma de tu siervo,

pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,

y tú me escuchas.

No tienes igual entre los dioses, Señor,

ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán

a postrarse en tu presencia, Señor;

bendecirán tu nombre:

«Grande eres tú, y haces maravillas;

tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,

para que siga tu verdad;

mantén mi corazón entero

en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;

daré gloria a tu nombre por siempre,

por tu grande piedad para conmigo,

porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,

una banda de insolentes atenta contra mi vida,

sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera, rico en piedad y leal,

mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,

salva al hijo de tu esclava;

dame una señal propicia,

que la vean mis adversarios y se avergüencen,

porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Cántico · Is 33, 13-16

La promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos. (Hch 2, 39)

Los lejanos, escuchad lo que he hecho;

los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores,

y un temblor se apodera de los perversos:

«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,

quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?»

El que procede con justicia y habla con rectitud

y rehúsa el lucro de la opresión;

el que sacude la mano rechazando el soborno

y tapa su oído a propuestas sanguinarias,

el que cierra los ojos para no ver la maldad:

ése habitará en lo alto,

tendrá su alcázar en un picacho rocoso,

con abasto de pan y provisión de agua.

Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Aclamad al Rey y Señor.

Salmo 97

Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión de los paganos. (S. Atanasio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas:

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad:

tocad la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas

aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,

la tierra y cuantos la habitan;

aplaudan los ríos, aclamen los montes

al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia

y los pueblos con rectitud.

Aclamad al Rey y Señor.

LECTURA BREVE

Is 7, 14b-15

Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

«Consolad, consolad a mi pueblo», dice el Señor, vuestro Dios.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

«Consolad, consolad a mi pueblo», dice el Señor, vuestro Dios.

Preces

Cristo, Palabra de Dios, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, por la esperanza, digamos:

Quédate con nosotros, Señor.

Príncipe de la justicia y de la rectitud, — haz justicia a los pobres y desamparados.

Rey de la paz, que de las espadas forjas arados y de las lanzas podaderas, — convierte nuestras envidias en amor y nuestra hambre de venganza en deseos de perdón.

Tú, que no juzgas por apariencias, — discierne quiénes son los que realmente te pertenecen.

Cuando vengas en una nube con gran poder y gloria, — haz que nos podamos mantener en pie delante de ti.

Oración

Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.