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Orar

Jueves, 17 de diciembre de 2026

17 de diciembre

Adviento · Morado

VÍSPERAS

Himno

Escucha, casa de David:

La Virgen pura se halla encinta;

Dios la acaricia y la fecunda

y la hace Madre de la vida.

La Virgen grávida nos lleva

en el secreto de su dicha;

la Virgen fiel nos abre ruta

por su obediencia de discípula.

Espera en calma la agraciada,

con ella el mundo se arrodilla;

levanta el pobre la mirada,

con ella pide la venida.

Nacido en tiempos sin aurora,

el Hijo espera con María.

¡Oh Dios de amor, nuestra esperanza,

cambia tu espera en parusía!

¡A ti, Jesús, Hijo esperado,

aparecido en nuestros días,

con santo júbilo cantamos!

¡Ven en tu reino, ven de prisa! Amén.

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al pueblo ruin,

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

Salmodia

A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su Padre. (Lc 1, 32)

Señor, tenle en cuenta a David

todos sus afanes:

cómo juró al Señor

e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,

no subiré al lecho de mi descanso,

no daré sueño a mis ojos,

ni reposo a mis párpados,

hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,

la encontramos en el Soto de Jaar:

entremos en su morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,

ven con el arca de tu poder:

que tus sacerdotes se vistan de gala,

que tus fieles te aclamen.

Por amor a tu siervo David,

no niegues audiencia a tu Ungido.

A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su Padre. (Lc 1, 32)

El Señor ha jurado a David

una promesa que no retractará:

«A uno de tu linaje

pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza

y los mandatos que les enseño,

también sus hijos, por siempre,

se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,

ha deseado vivir en ella:

«Ésta es mi mansión por siempre,

aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,

a sus pobres los saciaré de pan;

vestiré a sus sacerdotes de gala,

y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,

enciendo una lámpara para mi Ungido.

A sus enemigos los vestiré de ignominia,

sobre él brillará mi diadema.»

Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

Cántico · Ap 11, 17-18;12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

LECTURA BREVE

1Ts 5, 23-24

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

Preces

Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:

Ven, Señor, y no tardes más.

Esperamos alegres tu venida, — ven, Señor Jesús.

Tú que existes antes de los tiempos, — ven y salva a los que viven en el tiempo.

Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, — ven a restaurar la obra de tus manos.

Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, — ven y arráncanos del dominio de la muerte.

Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, — ven y danos tu vida eterna.

Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, — ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.

Oración

Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.