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Orar

Viernes, 18 de diciembre de 2026

18 de diciembre

Adviento · Morado

Nona (Hora intermedia)

El himno

El libro ofrece varios; puede rezarse cualquiera de ellos.

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.

Himno

Fundamento de todo lo que existe,

de tu pueblo elegido eterna roca,

de los tiempos Señor, que prometiste

dar tu vigor al que con fe te invoca.

Mira al hombre que es fiel y no te olvida,

tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte

para amarte y servirte en esta vida

y gozarte después de santa muerte.

Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa

en este atardecer que se avecina,

serena claridad y dulce brisa

será tu amor que todo lo domina. Amén.

Salmodia

María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;

a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.

Dios mío, de día te grito, y no respondes;

de noche, y no me haces caso;

aunque tú habitas en el santuario,

esperanza de Israel.

En ti confiaban nuestros padres;

confiaban, y los ponías a salvo;

a ti gritaban, y quedaban libres,

en ti confiaban, y no los defraudaste.

Pero yo soy un gusano, no un hombre,

vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;

al verme se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere.»

Tú eres quien me sacó del vientre,

me tenías confiado en los pechos de mi madre;

desde el seno pasé a tus manos,

desde el vientre materno tú eres mi Dios.

No te quedes lejos, que el peligro está cerca

y nadie me socorre.

María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Me acorrala un tropel de novillos,

me cercan toros de Basán;

abren contra mí las fauces

leones que descuartizan y rugen.

Estoy como agua derramada,

tengo los huesos descoyuntados;

mi corazón, como cera,

se derrite en mis entrañas;

mi garganta está seca como una teja,

la lengua se me pega al paladar;

me aprietas contra el polvo de la muerte.

Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos.

Ellos me miran triunfantes,

se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Líbrame a mí, de la espada,

y a mi única vida, de la garra del mastín;

sálvame de las fauces del león,

a este pobre, de los cuernos del búfalo.

Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

Salmo 21

A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní.» (Mt 27, 46)

Fieles del Señor, alabadlo;

linaje de Jacob, glorificadlo;

temedlo, linaje de Israel.

Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia

hacia el pobre desgraciado;

no le ha escondido su rostro:

cuando pidió auxilio, lo escuchó.

Él es mi alabanza en la gran asamblea,

cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos.

Porque del Señor es el reino,

él gobierna a los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,

ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer;

todo lo que hizo el Señor.

LECTURA BREVE

2Ts 1, 6. 7. 10

Es justo a los ojos de Dios que a vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutores de sus poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.

Oremos:

Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del pecado por el cual estamos oprimidos. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.