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Orar

Domingo, 20 de diciembre de 2026

4º domingo de Adviento

Adviento · Morado · Ciclo B

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

La pena que la tierra soportaba

a causa del pecado, se ha trocado

en canto que brota jubiloso

en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,

la alianza se cumple, poderosa,

el Verbo eterno de los cielos

con nuestra débil carne se desposa.

Misterio que sólo la fe alcanza,

María es nuevo templo de la gloria,

rocío matinal, nube que pasa,

luz nueva en presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,

al Hijo suyo amado Jesucristo,

que quiso nacer para nosotros

y darnos su Espíritu divino. Amén.

Que viene Cristo repiten

con su clamor los profetas

previniendo que la gracia

de la redención se acerca.

Se anuncia nuestro mañana,

los corazones se alegran,

anunciadores de gloria

miles de voces resuenan.

Fue el primer advenimiento

no de castigo ni de pena,

sino por curar heridas

salvando a quien pereciera.

Mas que ha de venir de nuevo,

su venida nos alerta,

a coronar a los justos

y a darles la recompensa.

Luz perenne se nos brinda,

la salvación centellea,

y un resplandor nos convoca

a las mansiones etéreas.

Oh Cristo, anhelamos verte

cual Dios en visión perpetua,

porque este gozo será

bienaventuranza eterna. Amén.

Salmodia

Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.

Salmo 117

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular. (Hch 4, 11)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia,

En el peligro grité al Señor,

y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;

¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,

veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor

que confiar en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban cerrando el cerco,

en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,

ardiendo como fuego en las zarzas,

en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos:

«La diestra del Señor es poderosa

la diestra del Señor es excelsa,

la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.

Me castigó, me castigó el Señor,

Pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,

y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor:

los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor

os bendecimos desde la casa del Señor!

el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos

hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;

Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.

Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.

Cántico · Dn 3 52-57

El Creador… es bendito por los siglos. (Rm 1, 25)

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres

a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:

a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú que sentado sobre querubines

sondeas los abismos:

a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:

a ti honor y alabanza por los siglos.

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.

Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.

Salmo 150

Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma. (Hesiquio)

Alabad al Señor en su templo,

alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,

alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,

alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,

alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor.

Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.

LECTURA BREVE

Rm 13, 11b-12

Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

R. Ten piedad de nosotros.
V. Tú que has de venir al mundo.

R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Preces

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores, — líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, — muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, — para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos, — concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.

Oración

Señor, derrama tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.