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Domingo, 20 de diciembre de 2026

4º domingo de Adviento

Adviento · Morado · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. R. Aleluya, (aleluya).

Se dilatará su principado con una paz sin límites. Aleluya.

Himno

Escucha, casa de David:

La Virgen pura se halla encinta;

Dios la acaricia y la fecunda

y la hace Madre de la vida.

La Virgen grávida nos lleva

en el secreto de su dicha;

la Virgen fiel nos abre ruta

por su obediencia de discípula.

Espera en calma la agraciada,

con ella el mundo se arrodilla;

levanta el pobre la mirada,

con ella pide la venida.

Nacido en tiempos sin aurora,

el Hijo espera con María.

¡Oh Dios de amor, nuestra esperanza,

cambia tu espera en parusía!

¡A ti, Jesús, Hijo esperado,

aparecido en nuestros días,

con santo júbilo cantamos!

¡Ven en tu reino, ven de prisa! Amén.

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al pueblo ruin,

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

Salmodia

Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.

Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale: ven, Señor, y no tardes más. Aleluya.

Salmo 111

Caminad como hijos de la luz; toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5, 8-9)

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale: ven, Señor, y no tardes más. Aleluya.

Cántico · Cf. Ap 19, 1-2. 5-7

Aleluya.

La salvación y la gloria y el poder

son de nuestro Dios.

(R. Aleluya.)

Porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.

Alabad al Señor, sus siervos todos.

(R. Aleluya.)

Los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios,

dueño de todo.

(R. Aleluya.)

Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.

Llegó la boda del Cordero.

(R. Aleluya.)

Su esposa se ha embellecido.

LECTURA BREVE

Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Preces

Hermanos, oremos a Cristo, el Señor que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad, — vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad, — concédenos tu misericordia.

Tú que en tu primera venida viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados, — absuélvenos de todas las culpas, cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad.

Tú que lo gobiernas todo con tu poder, — ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, — alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Oración

Señor, derrama tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.