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Orar

Domingo, 27 de diciembre de 2026

Sagrada Familia

Tiempo de Navidad · Blanco · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. R. Aleluya, (aleluya).

Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Himno

Al caer de la tarde,

toda la casa

era aromas de vino

y tierna hogaza.

Mientras, la Madre

era un ánfora llena

de sus pesares.

Al caer de la tarde,

la Madre hilaba

con aquellas sus manos

de virgen casta.

Mientras, el Niño

soñaba que soñaba

lirios y espinos.

Al caer de la tarde,

en el silencio,

aserraban las sierras

del carpintero.

José pensaba

que era el padre dichoso

de la Palabra.

Al caer de la tarde,

Señor, atiende

la amargura infinita

que el mundo tiene.

Colma el vacío

de esta familia humana

sin tu cariño. Amén.

Salmodia

Al cabo de tres días hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Salmo 121

Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12, 22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

Al cabo de tres días hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos.

Salmo 126

Sois edificación de Dios. (1Co 3, 9)

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

los que coméis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;

una recompensa es el fruto de las entrañas:

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba:

no quedará derrotado

cuando litigue con su adversario en la plaza.

Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos.

Jesús fue progresando en perfección intelectual y física, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Cántico · Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas

tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

Jesús fue progresando en perfección intelectual y física, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

LECTURA BREVE

Flp 2, 6-7

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

R. Debía ser semejante.
V. Debía ser semejante en todo a sus hermanos, para poderse apiadar de ellos.

R. Para poderse apiadar de ellos.
V. Apareció en la tierra y convivió entre los hombres.

R. Debía ser semejante en todo a sus hermanos, para poderse apiadar de ellos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.» «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo estar en la casa de mi Padre?»

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.» «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo estar en la casa de mi Padre?»

Preces

Adoremos a Cristo, Hijo del Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana, y aclamémoslo, diciendo:

Tú eres, Señor, el modelo y el salvador de los hombres.

Cristo Jesús, por el misterio de tu sumisión a María y a José, — enséñanos a respetar y a obedecer a los que nos gobiernan legítimamente.

Tú que amaste a tus padres y fuiste amado por ellos, — afianza a todas las familias en el amor y la concordia.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, — haz que Dios sea honrado en todas las familias.

Tú que quisiste que tus padres, angustiados, te encontraran al cabo de tres días en la casa de tu Padre, — enséñanos a buscar siempre primero el reino de Dios y su justicia.

Tú que has dado parte en tu gloria a María y a José, — admite también a nuestros difuntos en la familia de los santos.

Oración

Dios nuestro, que has querido darnos en la Sagrada Familia ejemplos preclaros de virtudes domésticas, concédenos saber imitar su vida y su amor recíproco, para que un día podamos ir a disfrutar con ella de la alegría eterna de tu morada. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.