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Orar

Lunes, 28 de diciembre de 2026

Santos Inocentes, mártires

Tiempo de Navidad · Rojo

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Los salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.

«Irán en mi cortejo vestidos de blanco, pues son dignos de ello», dice el Señor.

Los niños Inocentes cantan alabanzas al Señor; lo que en esta vida no pudieron hacer lo han realizado después de su muerte.

De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos.

Himno

Oye turbado el tirano

que ha nacido un Soberano

por su mal;

un niño que es Rey eterno,

que nace pobre en invierno

y en portal.

Aquellos magos de Oriente

le trajeron de repente

la noticia;

y, loco de furia extraña,

con sangre las cunas baña

su sevicia.

Y, en golpe de odio y espada,

la furia de la nevada

cercenó

capullos de mariposas,

y de rosales las rosas

deshojó.

De Raquel, roto el gemido

y el sollozo contenido

y sosegado,

rojo llanto de congojas

en esas mañanas rojas

ha dejado.

Danos, por tu Hijo amado,

arrojar, Padre, el pecado

de la guerra;

pon la paz en la bonanza

y que reine la esperanza

en la tierra. Amén.

Salmodia

Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

Salmo 62 · 62, 2-9

Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré de manjares exquisitos,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo:

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.

En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: «Bendito sea el Señor». Aleluya.

Cántico · Dn 3, 57-88. 56b

Alabad al Señor sus siervos todos. (Ap 19, 5)

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: «Bendito sea el Señor». Aleluya.

Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

Salmo 149

Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.

LECTURA BREVE

Jr 31, 15

Una voz se escucha en Ramá, gemidos y llanto amargo: Raquel está llorando a sus hijos, y no se consuela, porque ya no existen.

R. Los santos y los justos viven eternamente.
V. Los santos y los justos viven eternamente.

R. Viven eternamente.
V. Reciben de Dios su recompensa.

R. Los santos y los justos viven eternamente.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Los niños Inocentes murieron por Cristo, fueron arrancados del pecho de su madre para ser asesinados: ahora siguen al Cordero sin mancha, cantando: «Gloria a ti, Señor.»

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Los niños Inocentes murieron por Cristo, fueron arrancados del pecho de su madre para ser asesinados: ahora siguen al Cordero sin mancha, cantando: «Gloria a ti, Señor.»

Preces

Celebremos la gloria de Cristo, que venció a un tirano, no con un ejército de soldados, sino con un blanco escuadrón de niños; digámosle llenos de júbilo:

A ti te aclama el ejército glorioso de los mártires.

Cristo Señor, de quien dieron testimonio los niños Inocentes, no con sus palabras, sino con su sangre, — haz que nosotros demos testimonio de ti ante los hombres, tanto con nuestra palabra como con nuestra conducta.

Tú que hiciste capaces del triunfo a quienes aún no eran capaces de entrar en combate, — no permitas que seamos vencidos nosotros, a quienes tantos medios has dado para llegar a la victoria.

Tú que lavaste con tu sangre las vestiduras de los santos Inocentes, — purifícanos de toda maldad.

Tú que enviaste al cielo a esos niños mártires como primicias de tu reino, — no permitas que nosotros seamos excluidos del festín eterno.

Tú que experimentaste en tu infancia la persecución y el destierro, — protege a los niños que se ven acosados por la indigencia, la guerra o la desgracia.

Oración

Señor Dios, cuya gloria pregonaron en este día los Inocentes mártires, no con palabras, sino dando su vida por ti, haz que nuestra conducta testifique con hechos la fe que proclamamos con los labios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.