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Orar

Lunes, 28 de diciembre de 2026

Santos Inocentes, mártires

Tiempo de Navidad · Rojo

VÍSPERAS

Himno

Hoy el Verbo sacrosanto

nace en carne, por tener

en qué poder padecer

por el hombre que ama tanto.

Es condición ciertamente

propia del enamorado,

padecer por el amado

trabajos ganosamente.

Por esto, pues, Cristo santo

nace en carne, por tener

en qué poder padecer

por el hombre que ama tanto.

Nace en carne el Redentor

pasible, porque sin falta

la prueba de amor más alta

es padecer por amor.

Y, porque se entienda cuánto

nos ha venido a querer,

nace para padecer

por el hombre que ama tanto.

Qué grande misterio encierra

Belén; cantadle, creaturas:

«Gloria a Dios en las alturas

y paz al hombre en la tierra.» Amén.

Salmodia

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Salmo 129

Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel

de todos sus delitos.

Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA BREVE

Ef 2, 3b-5

Éramos por nuestro natural hijos de cólera, como los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo —por pura gracia habéis sido salvados—.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Y puso su morada entre nosotros.

R. La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

La Virgen inmaculada y santa nos ha engendrado a Dios, revistiéndolo con débiles miembros y alimentándolo con su leche materna; adoremos todos a este Hijo de María que ha venido a salvarnos.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

La Virgen inmaculada y santa nos ha engendrado a Dios, revistiéndolo con débiles miembros y alimentándolo con su leche materna; adoremos todos a este Hijo de María que ha venido a salvarnos.

Preces

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley; fortalecidos por esta esperanza, oremos confiados, diciendo:

Que la gracia de tu Hijo nos acompañe, Señor.

Oh Dios de amor y de paz, acrecienta en todos los cristianos la fe en la encarnación de tu Hijo, — para que vivan siempre en continua acción de gracias.

Levanta, Señor, la esperanza de los enfermos, de los pobres, de los ancianos — y da tu ayuda a los oprimidos, a los desalentados, a los que sufren.

Acuérdate, Señor, de los que están detenidos en las cárceles — y de los que viven lejos de su patria.

Tú que en el nacimiento de tu Hijo quisiste que se oyeran los ángeles que cantaban tu gloria, — haz que los difuntos puedan asociarse eternamente al canto de los ángeles en tu reino.

Oración

Dios nuestro, que de modo admirable creaste al hombre a tu imagen y semejanza y de un modo todavía más admirable elevaste su condición por medio de Jesucristo, concédenos compartir la divinidad de aquel que se ha dignado compartir nuestra humanidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.