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Orar

Miércoles, 30 de diciembre de 2026

6º día de la Octava de Navidad

Tiempo de Navidad · Blanco

Tercia (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Se acordó el Señor de su misericordia. Aleluya. R. Y de su fidelidad en favor de la casa de Israel. Aleluya.

Himno

Oh Santo Espíritu, que con el Padre

y el Hijo eres un solo Dios eterno:

dígnate ya bajar hasta nosotros

y entrar y derramarte en nuestros pechos.

Que la mente, la lengua y el sentido

den testimonio de tu nombre excelso,

y que las llamas del amor despunten,

y que al prójimo abrasen con su fuego.

Escúchanos, oh Padre piadosísimo,

y haz que se cumpla nuestro deseo,

tú que reinas sin tiempo con tu Hijo

Jesucristo y el Santo Paracleto. Amén.

Salmodia

Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.

Salmo 118 · 118, 9-16

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?

Cumpliendo tus palabras.

Te busco, de todo corazón,

no consientas

que me desvíe de tus mandamientos.

En mi corazón escondo tus consignas,

así no pecaré contra ti.

Bendito eres, Señor,

enséñame tus leyes.

Mis labios van enumerando

los mandamientos de tu boca;

mi alegría es el camino de tus preceptos,

más que todas las riquezas.

Medito tus decretos,

y me fijo en tus sendas;

tu voluntad es mi delicia,

no olvidaré tus palabras.

Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.

Salmo 16

En los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas y fue escuchado. (Hb 5, 7)

Señor, escucha mí apelación,

atiende a mis clamores,

presta oído a mi súplica,

que en mis labios no hay engaño:

emane de ti la sentencia,

miren tus ojos la rectitud.

Aunque sondees mi corazón,

visitándolo de noche,

aunque me pruebes al fuego,

no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado

como suelen los hombres;

según tus mandatos yo me he mantenido

en la senda establecida.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,

y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;

inclina el oído y escucha mis palabras.

Muestra las maravillas de tu misericordia,

tú que salvas de los adversarios

a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,

a la sombra de tus alas escóndeme

de los malvados que me asaltan,

del enemigo mortal que me cerca.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.

Levántate, Señor, y líbrame.

Salmo 16

En los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas y fue escuchado. (Hb 5, 7)

Han cerrado sus entrañas

y hablan con boca arrogante;

ya me rodean sus pasos,

se hacen guiños para derribarme,

como un león ávido de presa,

como un cachorro agazapado en su escondrijo.

Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,

que tu espada me libre del malvado,

y tu mano, Señor, de los mortales;

mortales de este mundo: sea su lote esta vida;

de tu despensa les llenarás el vientre,

se saciarán sus hijos

y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,

y al despertar me saciaré de tu semblante.

Levántate, Señor, y líbrame.

LECTURA BREVE

Dt 4, 7

¿Cuál de las naciones grandes tiene unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?

Oremos:

Concédenos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal nos libre de la antigua servidumbre del pecado que pesa aún sobre nosotros. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.