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Orar

Lunes, 4 de enero de 2027

Lunes después de la Epifanía

Tiempo de Navidad · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

Himno

Estrella nunca vista se aparece

a los remotos magos orientales,

y, al juzgar de los fuegos celestiales,

otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece,

con nuevas maravillas y señales,

para que reverentes y leales

la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego,

del fuego de su amor; luz que los guía

con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego,

y, llenos de firmísima alegría,

vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad

tribútense a la Santa Trinidad. Amén.

Salmodia

¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Salmo 41

El que tenga sed y quiera, que venga a beber el agua de la vida. (Ap 22, 17)

Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,

del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver

el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan

noche y día,

mientras todo el día me repiten:

«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,

y mi alma desfallece de tristeza:

cómo marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo,

desde el Jordán y el Hermón

y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima

con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas

me han arrollado.

De día el Señor

me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza

del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía,

¿por qué me olvidas?

¿por qué voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos

por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Cántico · Sir 36, 1-7. 13-16

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. (Jn 17, 3)

Sálvanos, Dios del universo,

infunde tu terror a todas las naciones;

amenaza con tu mano al pueblo extranjero,

para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,

muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos,

para que sepan, como nosotros lo sabemos,

que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,

exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob

y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,

de Israel, a quien nombraste tu primogénito.

Ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad

y al templo, de tu gloria.

Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

Salmo 18 A

Nos visitará el sol que nace de lo alto… para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lc 1, 78-79)

El cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona la obra de sus manos:

el día al día le pasa el mensaje,

la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,

sin que resuene su voz,

a toda la tierra alcanza su pregón

y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:

él sale como el esposo de su alcoba,

contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,

y su órbita llega al otro extremo:

nada se libra de su calor.

Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA BREVE

Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el señorío y será llamado: «Consejero admirable», «Dios poderoso», «Padre sempiterno» y «Príncipe de la paz».

R. Se postrarán ante él todos los reyes.
V. Se postrarán ante él todos los reyes.

R. Y todos los reyes.
V. Todos los pueblos le servirán.

R. Se postrarán ante él todos los reyes.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Desde oriente vinieron unos magos a Belén para adorar al Señor, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, como a rey soberano; incienso, como a Dios verdadero; y mirra, como a hombre mortal. Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Desde oriente vinieron unos magos a Belén para adorar al Señor, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, como a rey soberano; incienso, como a Dios verdadero; y mirra, como a hombre mortal. Aleluya.

Preces

Aclamemos a Cristo, salvador enviado por Dios, a quien han contemplado los confines de la tierra, y digámosle:

Gloria a ti, Señor Jesús.

Redentor de todos los pueblos, que al venir al mundo destruiste el muro que separaba a Israel de las naciones paganas, — haz que desaparezcan del mundo todas las discriminaciones que atentan contra la dignidad humana.

Tú que por tu encarnación y tu nacimiento quisiste habitar entre nosotros, — enséñanos a descubrir tu presencia en la Iglesia y en todos los hombres.

Tú que nos has dado el pleno conocimiento de Dios, nuestro Padre, — ayúdanos a vivir plenamente de tu palabra por nuestra fe y por nuestras obras.

Tú que eres el «Dios-con-nosotros» que has renovado maravillosamente la creación entera, — haz que en nosotros todo se renueve también: el corazón, las palabras y las obras.

Oración

Te pedimos, Señor, que ilumines nuestros corazones con el esplendor de tu divinidad, para que podamos pasar a través de las tinieblas de este mundo y llegar a la patria de la eterna claridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.