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Orar

Miércoles, 6 de enero de 2027

Miércoles después de la Epifanía

Tiempo de Navidad · Blanco

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Los salmos y el cántico se toman de la feria correspondiente.

El Señor reina, la tierra goza.

Himno

Estrella nunca vista se aparece

a los remotos magos orientales,

y, al juzgar de los fuegos celestiales,

otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece,

con nuevas maravillas y señales,

para que reverentes y leales

la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego,

del fuego de su amor; luz que los guía

con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego,

y, llenos de firmísima alegría,

vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad

tribútense a la Santa Trinidad. Amén.

Salmodia

Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Salmo 76

Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan. (2Co 4, 8)

Alzo mi voz a Dios gritando,

alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;

de noche extiendo las manos sin descanso,

y mi alma rehúsa el consuelo.

Cuando me acuerdo de Dios, gimo,

y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,

y la agitación no me deja hablar.

Repaso los días antiguos,

recuerdo los años remotos;

de noche lo pienso en mis adentros,

y meditándolo me pregunto:

¿Es que el Señor nos rechaza para siempre

y ya no volverá a favorecernos?

¿Se ha agotado ya su misericordia,

se ha terminado para siempre su promesa?

¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,

o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: ¡Qué pena la mía!

¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!

Recuerdo las proezas del Señor;

sí, recuerdo tus antiguos portentos,

medito todas tus obras

y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:

¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,

mostraste tu poder a los pueblos;

con tu brazo rescataste a tu pueblo,

a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, ¡oh Dios!,

te vio el mar y tembló,

las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,

retumbaban los nubarrones,

tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el fragor de tu trueno,

los relámpagos deslumbraban el orbe,

la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,

un vado por las aguas caudalosas,

y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,

por la mano de Moisés y de Aarón.

Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Cántico · 1S 2, 1-10

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes. (Lc 1, 52-53)

Mi corazón se regocija por el Señor,

mi poder se exalta por Dios;

mi boca se ríe de mis enemigos,

porque gozo con tu salvación.

No hay santo como el Señor,

no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,

no echéis por la boca arrogancias,

porque el Señor es un Dios que sabe;

él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,

mientras los cobardes se ciñen de valor;

los hartos se contratan por el pan,

mientras los hambrientos

no tienen ya que trabajar;

la mujer estéril da a luz siete hijos,

mientras la madre de muchos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,

hunde en el abismo y levanta;

da la pobreza y la riqueza,

humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para hacer que se siente entre príncipes

y que herede un trono de gloria;

pues del Señor son los pilares de la tierra,

y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,

mientras los malvados perecen en las tinieblas

porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,

el Altísimo truena desde el cielo,

el Señor juzga hasta el confín de la tierra.

Él da fuerza a su Rey,

exalta el poder de su Ungido.

Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

El Señor reina, la tierra goza. †

Salmo 96

Este salmo canta la salvación del mundo y la conversión de todos los pueblos. (S. Atanasio)

El Señor reina, la tierra goza,

† se alegran las islas innumerables.

Tiniebla y nube lo rodean,

justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego

abrasando en torno a los enemigos;

sus relámpagos deslumbran el orbe,

y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera

ante el dueño de toda la tierra;

los cielos pregonan su justicia,

y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,

los que ponen su orgullo en los ídolos;

ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión y se alegra,

se regocijan las ciudades de Judá

por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,

altísimo sobre toda la tierra,

encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,

protege la vida de sus fieles

y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,

y la alegría para los rectos de corazón.

Alegraos, justos, con el Señor,

celebrad su santo nombre.

El Señor reina, la tierra goza. †

LECTURA BREVE

Is 49, 8-9a

Te he constituido como alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las heredades desoladas, para decir a los cautivos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Venid a la luz.»

R. Se postrarán ante él todos los reyes.
V. Se postrarán ante él todos los reyes.

R. Y todos los reyes.
V. Todos los pueblos le servirán.

R. Se postrarán ante él todos los reyes.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Hemos visto su estrella en oriente y hemos venido con presentes a adorar al Señor.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Hemos visto su estrella en oriente y hemos venido con presentes a adorar al Señor.

Preces

Acudamos a Cristo, Palabra eterna engendrada por el Padre antes del comienzo del mundo y nacido como hombre en el momento culminante de la historia, y aclamémoslo, alegres, diciendo:

Bendito seas, Señor.

Oh Cristo, Hijo de Dios vivo, que existes antes que el mundo fuera creado y viniste en el tiempo a la tierra para salvar al hombre, — haz que todos seamos testigos de la Buena Noticia de la salvación.

Sol de justicia, que brillas desde el seno del Padre e iluminas a todo el orbe, — sé luz para todos los que yacen en tiniebla y en sombra de muerte.

Tú que quisiste ser niño y fuiste colocado en un pesebre, — renueva en nosotros la sencillez de la infancia.

Tú que para darnos la vida eterna has querido ser nuestro pan vivo, — alegra nuestro espíritu con la celebración de la eucaristía.

Oración

Señor, Dios nuestro, luz radiante de todas las naciones, concede una paz estable a todos los pueblos de la tierra, y haz que aquella luz resplandeciente, que condujo a los magos al conocimiento de tu Hijo, ilumine también nuestros corazones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.