VÍSPERAS
Himno
Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.
Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizá con gotas de sangre.
Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén.
Salmodia
Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 114
Hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.
Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 120
No tendrán hambre ni sed; no les molestará el sol ni calor alguno. (Ap 7, 16)
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico · Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE
Rm 8, 3b-4
Dios envió a su propio Hijo, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado. Así dictó sentencia de condenación contra el pecado, que ejercía su poder en la vida según la carne. De este modo la exigencia y el fin de la ley tuvieron cumplimiento en nosotros, que no vivimos la vida puramente natural según la carne, sino la vida sobrenatural según el espíritu.
R. Será la bendición de todos los pueblos.
V. Será la bendición de todos los pueblos.
R. Todos los pueblos.
V. Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
R. Será la bendición de todos los pueblos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Magnificat
Los magos, advertidos en sueños por el ángel, regresaron a su tierra por otro camino.
Cántico de María Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Los magos, advertidos en sueños por el ángel, regresaron a su tierra por otro camino.
Preces
Oremos al Padre, que ha querido que Cristo fuera luz de las naciones, y digámosle:
Escúchanos, Padre nuestro.
Haz, Señor, que tu Iglesia se extienda por todo el mundo, — para que todos los hombres lleguen a conocer la gloria de Jesucristo.
Padre eterno, tú que encaminaste a los sabios de oriente hacia la cuna de Jesucristo, — manifiesta también a tu Hijo a cuantos buscan la verdad.
Haz que todos los pueblos lleguen a contemplar tu admirable luz, — para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble.
Envía trabajadores a tu mies, — para que los pobres sean evangelizados y sea predicado a todo el mundo el tiempo de la salvación.
Concede a los difuntos la plena redención de sus cuerpos, — para que puedan alegrarse de la victoria de Cristo sobre la muerte.
Oración
Te pedimos, Dios todopoderoso, que el nacimiento del Salvador del mundo, manifestado a los magos por una estrella, sea comprendido por nuestras mentes cada vez con mayor profundidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
