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Orar

Sábado, 9 de enero de 2027

Sábado después de la Epifanía

Tiempo de Navidad · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Él era la luz verdadera. R. Que ilumina a todos los hombres.

Himno

Ayer, en leve centella,

te vio Moisés sobre el monte;

hoy no basta el horizonte

para contener tu estrella.

Los magos preguntan; y ella

de un Dios infante responde

que en duras pajas se acuesta

y más se nos manifiesta

cuanto más hondo se esconde. Amén.

Salmodia

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

El hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:

porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:

porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:

porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:

porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:

porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Isaías · 66, 10-14. 18-23

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; a su pecho seréis alimentados y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus pechos abundantes.

Porque así dice el Señor:

«Yo haré derivar hacia ella como un río la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos, y su cólera a sus enemigos.

Pero yo vendré para reunir a los pueblos de toda lengua: acudirán para ver mi gloria, les daré una señal y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Ros, Tubal y Grecia; a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria: y anunciarán mi gloria a todas las naciones.

Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y en dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén —dice el Señor—, así como traen los israelitas, en vasijas puras, las ofrendas al templo del Señor. Y también de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas.

Como el cielo nuevo y la tierra nueva que voy a hacer durarán ante mí, así durará vuestra estirpe y vuestro nombre. Cada luna nueva y cada sábado vendrá todo mortal a postrarse ante mí», dice el Señor.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Baruc · 4, 30–5, 9

¡Ánimo, Jerusalén! El que te dio su nombre te consuela.

Malditos los que te hicieron mal, y se alegraron de tu caída, malditas las naciones que esclavizaron a tus hijos, maldita la ciudad que los aceptó. Como se alegró de tu caída y disfrutó de tu ruina, llorará su propia desolación. Le quitaré la población de que se enorgullece, y su arrogancia se convertirá en duelo. El Eterno le enviará un fuego que arderá muchos días, y la habitarán largos años los demonios.

Mira hacia levante, Jerusalén, contempla el gozo que Dios te envía. Ya llegan los hijos que despediste, reunidos por la palabra del Santo en oriente y occidente; ya llegan alegres y dando gloria a Dios.

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno; porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. Dios te dará para siempre este nombre: «Paz de la justicia» y «Gloria de la piedad».

Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente y occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios. A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria como llevados en carroza real.

Dios ha mandado abajarse a los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad guiado por la gloria de Dios; ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de Fausto de Riez, obispo

Al tercer día se celebraron unas bodas. Estas bodas significan la celebración festiva y gozosa de nuestra salvación, que nos viene de la confesión de la Trinidad y de nuestra fe en la resurrección, como insinúa el significado místico ternario de la expresión al tercer día.

En este mismo sentido nos habla otro pasaje evangélico de cómo la vuelta del hijo pródigo, que representa la conversión de los gentiles, es celebrada con músicas y danzas y con vestiduras nupciales.

Así pues, el Señor, como el esposo que sale de su alcoba, bajó a la tierra para, mediante su encarnación, unirse en matrimonio con la Iglesia, reunida de entre los gentiles, a la que dio arras y dote: arras, cuando Dios se unión al hombre; dote, cuando fue inmolado por la salvación del hombre. Las arras significan la redención actual; la dote la vida eterna. Aquello que externamente era un milagro es también, si se penetra en su significado, un misterio. Si lo consideramos atentamente, descubriremos en aquella agua convertida en vino una cierta similitud con el bautismo y la regeneración cristiana. Aquella transformación intrínseca de un elemento a otro, aquella misteriosa conversión de una creatura inferior en otra de distinta especie y superior es una anticipación simbólica de nuestro segundo nacimiento. El agua que ahora es transformada habría de realizar luego la transformación del hombre.

Por obra de Cristo se produce en Galilea un vino nuevo, esto es, cesa la ley y le sucede la gracia; es retirada la sombra y se hace presente la realidad; lo carnal es equiparado a lo espiritual; la antigua observancia se transforma en el nuevo Testamento; como dice el Apóstol: Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado; y, del mismo modo que el agua contenida en las tinajas, sin mermar en su propio ser, adquiere una nueva entidad, así también la ley no queda destruida con la venida de Cristo, al contrario, queda clarificada y ennoblecida.

Como faltase vino, Cristo suministra un vino nuevo; bueno es el vino del antiguo Testamento, pero el del nuevo es mejor; el antiguo Testamento, que observan los judíos, se diluye en la materialidad de la letra, mientras que el nuevo, al que pertenecemos nosotros, nos comunica el buen sabor de vida y de gracia.

Buen vino, esto es, bueno precepto es aquel de la ley antigua: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero mejor y más fuerte es el vino del Evangelio, que nos manda: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os odian.

R. Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia oriente * y contempla a tus hijos, reunidos de oriente y occidente a la voz del Santo.
V. Cuando esto veas, te pondrás radiante de alegría; se estremecerá y se ensanchará tu corazón, pues vendrán a ti las riquezas de las naciones.

R. Jerusalén, ciudad de Dios, brillarás cual luz de lámpara y todos los confines de la tierra vendrán a ti; pueblos numerosos vendrán de lejos; * y, trayendo sus ofrendas, adorarán en ti al Señor.
V. Vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que por medio de tu Hijo has transformado a la humanidad en una nueva creatura, concédenos, por tu gracia, participar siempre de la naturaleza divina de aquel que ha llevado hasta ti nuestra naturaleza humana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.