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Orar

Domingo, 10 de enero de 2027

Bautismo del Señor

Tiempo de Navidad · Blanco · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. R. Aleluya, (aleluya).

Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha». Aleluya.

Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Himno

Porque el bautismo hoy empieza

y él lo quiere inaugurar,

hoy se ha venido a lavar

el Autor de la limpieza.

Aunque es santo y redentor,

nos da ejemplo singular:

se quiere hoy purificar

como cualquier pecador.

Aunque él mismo es la Hermosura

y no hay hermosura par,

hoy quiere al agua bajar

y hermosear nuestra basura.

Nadie lo hubiera pensado:

vino el pecado a quitar,

y se hace ahora pasar

por pecador y pecado.

Gracias, Bondad y Belleza,

pues te quisiste humillar

y no te pesó lavar

tu santidad y pureza. Amén.

Salmodia

Se oyó una voz que venía del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo.»

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Se oyó una voz que venía del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo.»

En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

Salmo 111

Caminad como hijos de la luz; toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5, 8-9)

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador del universo nos purifica de nuestros pecados en el Jordán.

Cántico · Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador del universo nos purifica de nuestros pecados en el Jordán.

LECTURA BREVE

Hch 10, 37-38

Vosotros sabéis lo acaecido en toda Judea: cómo Jesús de Nazaret empezó su actividad por Galilea después del bautismo predicado por Juan; cómo Dios lo ungió con poder del Espíritu Santo; cómo pasó haciendo el bien y devolviendo la salud a todos los que estaban esclavizados por el demonio, porque Dios estaba con él.

R. Éste es el que vino por el agua y por la sangre.
V. Éste es el que vino por el agua y por la sangre.

R. Es el que vino por el agua y por la sangre.
V. Jesucristo, nuestro Señor.

R. Éste es el que vino por el agua y por la sangre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y nos ha hecho sacerdotes de Dios, su Padre; a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y nos ha hecho sacerdotes de Dios, su Padre; a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Preces

Roguemos a nuestro Redentor, bautizado por Juan en el Jordán, y supliquémosle, diciendo:

Envía, Señor, tu Espíritu sobre nosotros.

Cristo, siervo de Dios, en quien el Padre tiene todo su gozo, — envía tu Espíritu sobre nosotros.

Cristo, elegido de Dios, tú que no rompiste la caña resquebrajada ni apagaste la mecha humeante, — compadécete de cuantos te buscan con sinceridad.

Cristo, Hijo de Dios, a quien el Padre ha elegido como nueva alianza del pueblo y luz de las naciones, — abre por el bautismo los ojos de los que no ven.

Cristo, salvador de los hombres, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo y envió para salvación del mundo, — haz que todos los hombres te conozcan y crean en ti para que así obtengan la vida eterna.

Cristo, esperanza nuestra, que llevas la luz de la salvación a los pueblos que yacen en las tinieblas de la ignorancia, — recibe en tu reino a nuestros difuntos.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste solemnemente a Cristo como tu Hijo amado, cuando era bautizado en el Jordán y descendía el Espíritu Santo sobre él, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu complacencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.