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Orar

Viernes, 15 de enero de 2027

Viernes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Hijo mío, conserva mis palabras. R. Conserva mis mandatos y vivirás.

Himno

Delante de tus ojos

ya no enrojecemos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

En medio de los pueblos

nos guardas como un resto,

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor, que es justo,

revoca sus decretos:

la salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo. Amén.

Salmodia

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Pelea, Señor, contra los que me atacan,

guerrea contra los que me hacen guerra;

empuña el escudo y la adarga,

levántate y ven en mi auxilio;

di a mi alma:

«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,

gozando de su victoria;

todo mi ser proclamará:

«Señor, ¿quién como tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:

me acusaban de cosas que ni sabía,

me pagaban mal por bien,

dejándome desamparado.

Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,

me vestía de saco,

me mortificaba con ayunos

y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,

andaba triste,

cabizbajo y sombrío,

como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

se juntaron contra mí

y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar,

cruelmente se burlaban de mí,

rechinando los dientes de odio.

Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

Salmo 34 · 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

Se reunieron… y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo. (Mt 26, 3-4)

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?

Defiende mi vida de los que rugen,

mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,

que no se hagan guiños a mi costa

los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles;

Señor, no te quedes a distancia;

despierta, levántate, Dios mío;

Señor mío, defiende mi causa.

Júzgame tú según tu justicia.

Que canten y se alegren

los que desean mi victoria;

que repitan siempre: «Grande es el Señor»,

los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,

todos los días te alabaré.

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la carta a los Romanos · 3, 1-20

Hermanos: ¿Cuáles son entonces las ventajas del judío, o qué utilidad le reporta la circuncisión? Muchas, bajo todos los conceptos. Ante todo, a ellos fueron confiados los oráculos divinos.

Pero, ¿qué decir si algunos de ellos no los han llegado a creer? ¿Que su infidelidad va a anular la fidelidad de Dios? De ninguna manera. Tengamos bien entendido que Dios es veraz y que, por el contrario, todo hombre es falaz. Como dice la Escritura: «Para que seas proclamado justo en todas tus palabras y salgas vencedor, si a juicio te convocan.»

Entonces, si nuestra iniquidad hace resaltar efectivamente la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Qué Dios es injusto al descargar su cólera? (Digo según nuestro modo de hablar.) De ninguna manera. Si así fuese, ¿cómo iba Dios a condenar al mundo? Y, si la veracidad de Dios obtiene más gloria por mi falsedad, ¿por qué me tienen todavía por pecador? ¿Y por qué entonces no enseñar (como se nos calumnia y como dicen algunos que enseñamos) aquello de: Hagamos el mal para que venga el bien? Para éstos es, según toda justicia, su condenación.

En definitiva, nosotros, judíos, ¿tenemos alguna ventaja? No. Ya dejamos antes probado que tanto judíos como gentiles se encuentran todos bajo el dominio del pecado. Así lo dice la Escritura: «No hay justos, ni siquiera hay uno solo; no hay un sensato, no hay quien busque a Dios. Todos se han extraviado, todos se han corrompido; no hay quien practique el bien; no hay siquiera uno solo. Son sus gargantas cual sepulcro abierto; falsedades maquinan con sus lenguas; veneno de áspid hay entre sus labios, rebosando sus bocas maldición y, amargor. Son veloces sus pies para derramar sangre. Ruina y miseria brotan a su paso. No dieron con la senda de la paz, ni ante sus ojos hay temor de Dios.»

Ahora bien, sabemos que todo cuanto dice la Escritura lo dice para los que viven sometidos a la ley; de modo que todos tienen que callar y todo el mundo tiene que reconocerse reo ante Dios. Porque, por las obras de la ley, no alcanzará ningún hombre la justificación ante Dios. La ley no trae otra cosa que el conocimiento del pecado.

SEGUNDA LECTURA

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles

Ninguna cosa de las que existen o son hechas empezó a ser sino en el Verbo y por el Verbo, como nos enseña el evangelista teólogo, cuando dice: Ya al comienzo de las cosas existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por él empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por él. Así como el músico, con la lira bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves con los agudos y los intermedios, así también la Sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el universo como una lira, une las cosas de la atmósfera con las de la tierra, y las del cielo con las de la atmósfera, y las asocia todas unas con otras, gobernándolas con su voluntad y beneplácito. De este modo produce un mundo unificado, hermosa y armoniosamente ordenado, sin que por ello el Verbo de Dios deje de permanecer inmutable junto al Padre, mientras pone en movimiento todas las cosas, según le place al Padre, con la invariabilidad de su naturaleza. Todo, en definitiva, vive y se mantiene, por donación suya, según su propio ser y, por él, compone una armonía admirable y verdaderamente divina.

Tratemos de explicar esta verdad tan profunda por medio de una imagen: pongamos el ejemplo de un coro numeroso. En un coro compuesto de variedad de personas, de niños, mujeres, hombres maduros y adolescentes, cada uno, bajo la batuta del director, canta según su naturaleza y sus facultades: el hombre con voz de hombre, el niño con voz de niño, la mujer con voz de mujer, el adolescente con voz de adolescente, y sin embargo de todo el conjunto resulta una armonía. Otro ejemplo: nuestra alma pone simultáneamente en movimiento todos nuestros sentidos, cada uno según su actividad específica, y así, en presencia de algún estímulo exterior, todos a la vez se ponen en movimiento: el ojo ve, el oído oye, la mano toca, el olfato huele, el gusto gusta, y también sucede con frecuencia que actúan los demás miembros corporales, por ejemplo, los pies se ponen a andar. De manera semejante acontece en la creación en general. Ciertamente, los ejemplos aducidos no alcanzan a dar una idea adecuada de la realidad, y por esto es necesaria una más profunda comprensión de la verdad que quieren ilustrar.

Es decir, que todas las cosas son gobernadas a un solo mandato del Verbo de Dios, de manera que, ejerciendo cada ser su propia actividad, del conjunto resulta un orden perfecto.

R. Dios observa desde el cielo a los hijos de Adán, para ver si hay alguno sensato que busque a Dios. * Todos se extravían igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo.
V. Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; así lo dice la Escritura: «No hay justos, ni siquiera hay uno solo.»

R. El Señor sabe liberar de la prueba a los hombres justos y reserva a los malvados para castigarlos en el día del juicio. * Lo mismo que sucedió en los tiempos de Noé sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
V. Comían y bebían, y, cuando menos lo sospechaban, sobrevino el diluvio que anegó a todos.

R. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, * pues él os ha mostrado su misericordia.
V. A él debéis bendecir y cantar todos los días, y narrar todas sus maravillas.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.