Saltar al contenido

Orar

Martes, 19 de enero de 2027

Martes de la 2ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Enséñame, Señor, a gustar y a comprender. R. Porque me fío de tus mandatos.

Himno

¡Espada de dos filos

es, Señor, tu palabra!

Penetra como fuego

y divide la entraña.

¡Nada como tu voz,

es terrible tu espada!

¡Nada como tu aliento,

es dulce tu palabra!

Tenemos que vivir

encendida la lámpara,

que para virgen necia

no es posible la entrada.

No basta con gritar

sólo palabras vanas,

ni tocar a la puerta

cuando ya está cerrada.

Espada de dos filos

que me cercena el alma,

que hiere a sangre y fuego

esta carne mimada,

que mata los ardores

para encender la gracia.

Vivir de tus incendios,

luchar por tus batallas,

rumor de tus sandalias.

¡Espada de dos filos

es, Señor, tu palabra! Amén.

Salmodia

Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Salmo 36

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)

No te exasperes por los malvados,

no envidies a los que obran el mal:

se secarán pronto, como la hierba,

como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien,

habita tu tierra y practica la lealtad;

sea el Señor tu delicia,

y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor,

confía en él, y él actuará:

hará brillar tu justicia como el amanecer;

tu derecho, como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él,

no te exasperes por el hombre que triunfa

empleando la intriga:

cohíbe la ira, reprime el coraje,

no te exasperes, no sea que obres mal;

porque los que obran mal son excluidos,

pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

Aguarda un momento: desapareció el malvado,

fíjate en su sitio: ya no está;

en cambio, los sufridos poseen la tierra

y disfrutan de paz abundante.

Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Salmo 36

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)

El malvado intriga contra el justo,

rechina sus dientes contra él;

pero el Señor se ríe de él,

porque ve que le llega su hora.

Los malvados desenvainan la espada,

asestan el arco,

para abatir a pobres y humildes,

para asesinar a los honrados;

pero su espada les atravesará el corazón,

sus arcos se romperán.

Mejor es ser honrado con poco

que ser malvado en la opulencia;

pues al malvado se le romperán los brazos,

pero al honrado lo sostiene el Señor.

El Señor vela por los días de los buenos,

y su herencia durará siempre;

no se agostarán en tiempo de sequía,

en tiempo de hambre se saciarán;

pero los malvados perecerán,

los enemigos del Señor

se marchitarán como la belleza de un prado,

en humo se disiparán.

El malvado pide prestado y no devuelve,

el justo se compadece y perdona.

Los que el Señor bendice poseen la tierra,

los que él maldice son excluidos.

El Señor asegura los pasos del hombre,

se complace en sus caminos;

si tropieza, no caerá,

porque el Señor lo tiene de la mano.

Fui joven, ya soy viejo:

nunca he visto a un justo abandonado,

ni a su linaje mendigando el pan.

A diario se compadece y da prestado;

bendita será su descendencia.

Apártate del mal y haz el bien,

y siempre tendrás una casa;

porque el Señor ama la justicia

y no abandona a sus fieles.

Los inicuos son exterminados,

la estirpe de los malvados se extinguirá;

pero los justos poseen la tierra,

la habitarán por siempre jamás.

Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.

Confía en el Señor y sigue su camino.

Salmo 36

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. (Mt 5, 4)

La boca del justo expone la sabiduría,

su lengua explica el derecho;

porque lleva en el corazón la ley de su Dios,

y sus pasos no vacilan.

El malvado espía al justo

e intenta darle muerte;

pero el Señor no lo entrega en sus manos,

no deja que lo condenen en el juicio.

Confía en el Señor, sigue su camino;

él te levantará a poseer la tierra,

y verás la expulsión de los malvados.

Vi a un malvado que se jactaba,

que prosperaba como un cedro frondoso;

volví a pasar, y ya no estaba;

lo busqué, y no lo encontré.

Observa al honrado, fíjate en el bueno:

su porvenir es la paz;

los impíos serán totalmente aniquilados,

el porvenir de los malvados quedará truncado.

El Señor es quien salva a los justos,

él es su alcázar en el peligro;

el Señor los protege y los libra,

los libra de los malvados y los salva,

porque se acogen a él.

Confía en el Señor y sigue su camino.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la carta a los Romanos · 5, 12-21

Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y, por el pecado, la muerte, y, de este modo, la muerte pasó a todos los hombres, dado que todos han pecado…

(Porque ya antes de la promulgación de la ley existía el pecado en el mundo y sin embargo no puede imputarse pecado si no hay ley; vemos, empero, que, de hecho, la muerte reinó ya desde Adán a Moisés sobre todos los que pecaron, aun cuando su transgresión no fue en las mismas condiciones en que pecó Adán, el cual era figura del que había de venir.

Sin embargo, con el don no sucedió como con el delito, pues, si por el delito de uno solo murió la multitud, ¡con cuánta mayor profusión, por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se derramó sobre todos la bondad y el don de Dios! Ni fueron los efectos de este don como los efectos del pecado de aquel único hombre que pecó, porque la sentencia que llevó a la condenación vino por uno solo, en cambio, el don, partiendo de muchas transgresiones, lleva a la justificación.)

…Así pues (decía), si, por la falta de uno solo, la muerte estableció su reinado, también, con mucha mayor razón, por causa de uno solo, de Jesucristo, reinarán en la vida los que reciben la sobreabundancia de su gracia y el don de la justificación.

Por consiguiente, así como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procurará a todos la justificación que da la vida. Y como por la desobediencia de un solo hombre todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

La ley, ciertamente, fue ocasión de que se multiplicasen los delitos, pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, para que así como reinó el pecado produciendo la muerte, así también reine la gracia dándonos vida eterna por Jesucristo, Señor nuestro.

SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios.

El que posee la caridad de Cristo que cumpla sus mandamientos. ¿Quién será capaz de explicar debidamente el vínculo que la caridad divina establece? ¿Quién podrá dar cuenta de la grandeza de su hermosura? La caridad nos eleva hasta unas alturas inefables. La caridad nos une a Dios, la caridad cubre la multitud de los pecados, la caridad lo aguanta todo, lo soporta todo con paciencia; nada sórdido ni altanero hay en ella; la caridad no admite divisiones, no promueve discordias, sino que lo hace todo en la concordia; en la caridad hallan su perfección todos los elegidos de Dios y sin ella nada es grato a Dios. En la caridad nos acogió el Señor: por su caridad hacia nosotros, nuestro Señor Jesucristo, cumpliendo la voluntad del Padre, dio su sangre por nosotros, su carne por nuestra carne, su vida por nuestras vidas.

Ya veis, amados hermanos, cuán grande y admirable es la caridad y cómo es inenarrable su perfección. Nadie es capaz de practicarla adecuadamente, si Dios no le otorga este don. Oremos, por tanto, e imploremos la misericordia divina, para que sepamos practicar sin tacha la caridad, libres de toda parcialidad humana. Todas las generaciones anteriores, desde Adán hasta nuestros días, han pasado; pero los que por gracia de Dios han sido perfectos en la caridad obtienen el lugar destinado a los justos y se manifestarán el día de la visita del reino de Cristo. Porque está escrito: Anda, pueblo mío, entra en

los aposentos y cierra la puerta por dentro; escóndete un breve instante mientras pasa la cólera; y me acordaré del día bueno y os haré salir de vuestros sepulcros.

Dichosos nosotros, amados hermanos, si cumplimos los mandatos del Señor en la concordia de la caridad, porque esta caridad nos obtendrá el perdón de los pecados. Está escrito: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay falsedad. Esta proclamación de felicidad atañe a los que, por Jesucristo nuestro Señor, han sido elegidos por Dios, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

R. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, * para que así como reinó el pecado produciendo la muerte, así también reine la gracia dándonos vida eterna.
V. Como por la desobediencia de un solo hombre todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

R. Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra que había de recibir en herencia, * y salió sin saber a dónde iba.
V. Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; cuando lo llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.

R. Nosotros hemos creído en el amor que Dios nos tiene; * Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
V. Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.