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Orar

Miércoles, 10 de febrero de 2027

Miércoles de Ceniza

Cuaresma · Morado

VÍSPERAS

Himno

Heme, Señor, a tus divinas plantas,

baja la frente y de rubor cubierta,

porque mis culpas son tales y tantas,

que tengo miedo a tus miradas santas

y el pecho mío a respirar no acierta.

Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa

de esos divinos regalados ojos

es condenarme a noche tenebrosa;

y esa noche es horrible, es espantosa

para el que gime ante tus pies de hinojos.

Dame licencia ya, Padre adorado,

para mirarte y moderar mi miedo;

mas no te muestres de esplendor cercado;

muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,

porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.

Salmodia

Señor, tu saber me sobrepasa.

Salmo 138 · 138, 1-18. 23-24

¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? (Rm 11, 34)

Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda.

Me envuelves por doquier,

me cubres con tu mano.

Tanto saber me sobrepasa,

es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

Señor, tu saber me sobrepasa.

Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Salmo 138 · 138, 1-18. 23-24

¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? (Rm 11, 34)

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has formado portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro,

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

Si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno.

Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Todo fue creado por él y para él.

Cántico · Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir

la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,

por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda creatura;

pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;

todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:

haciendo la paz por la sangre de su cruz

con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE

Flp 2, 12b-15a

Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

R. Señor, ten misericordia.
V. Sáname, porque he pecado contra ti.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.

Preces

Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, — para que procuren con empeño el bien común.

Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo, siguieron a Cristo, — para que su vida sea luz para los hombres y claro testimonio de la santidad de tu Iglesia.

Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, — haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.

Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, — y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.

Admite a los difuntos en tu gloria, — para que te alaben eternamente.

Oración

Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.