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Orar

Sábado, 20 de febrero de 2027

Sábado de la 1ª semana de Cuaresma

Cuaresma · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Alabad al Señor, todas las naciones.

Himno

Los hombros traigo cargados

de graves culpas, mi Dios;

dadme esas lágrimas vos

y tomad estos pecados.

Yo soy quien ha de llorar,

por ser acto de flaqueza;

que no hay en naturaleza

más flaqueza que el pecar.

Y, pues andamos trocados,

que yo peco y lloráis vos,

dadme esas lágrimas vos,

y tomad estos pecados.

Vos sois quien cargar se puede

estas mis culpas mortales,

que la menor destas tales

a cualquier peso excede;

y, pues que son tan pesados

aquestos yerros, mi Dios,

dadme esas lágrimas vos

y tomad estos pecados.

Al Padre, al Hijo, al Amor,

alegres cantad, criaturas,

y resuene en las alturas

toda gloria y todo honor. Amén.

Salmodia

Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Salmo 118 · 118, 145-152

Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cántico · Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

Los que habían vencido a la bestia cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios. (Ap 15, 2. 3)

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es «Yahvé».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, terrible entre los santos,

temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;

guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas

en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Alabad al Señor, todas las naciones. †

Salmo 116

Así es: los gentiles glorifican a Dios por su misericordia. (Rm 15, 8. 9)

Alabad al Señor todas las naciones,

† aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

Alabad al Señor, todas las naciones. †

LECTURA BREVE

Is 1, 16-18

«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

«Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen; así seréis hijos de vuestro Padre celestial», dice el Señor.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

«Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen; así seréis hijos de vuestro Padre celestial», dice el Señor.

Preces

Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros creaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su carne, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracia, Señor.

Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad, humildad — y danos comprensión para con todos.

Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren, — para imitarte a ti, el buen Samaritano.

María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio, — para que vivan su virginidad con un grande amor hacia ti, en bien de la Iglesia.

Concédenos la abundancia de tu misericordia — y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

Oración

Padre eterno, convierte hacia ti nuestros corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.