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Orar

Martes, 23 de febrero de 2027

San Policarpo, obispo y mártir

Cuaresma · Morado

VÍSPERAS

Himno

No me pesa, Señor, haber faltado

por el eterno mal que he merecido,

ni me pesa tampoco haber perdido

el cielo como pena a mi pecado.

Pésame haber tus voces despreciado

y tus justos mandatos infringido,

porque con mis errores he ofendido

tu corazón, Señor, por mí llagado.

Llorar quiero mis culpas humillado,

y buscar a mis males dulce olvido

en la herida de amor de tu costado.

Quiero tu amor pagar, agradecido,

amándote cual siempre me has amado

viviendo contigo arrepentido. Amén.

Salmodia

No podéis servir a Dios y al dinero.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Oíd esto, todas las naciones,

escuchadlo, habitantes del orbe:

plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,

y serán muy sensatas mis reflexiones;

prestaré oído al proverbio

y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y me acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,

que nunca les bastará

para vivir perpetuamente

sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,

lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua

y su casa de edad en edad,

aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,

sino que perece como los animales.

No podéis servir a Dios y al dinero.

«Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Salmo 48

Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. (Mt 19, 23)

Éste es el camino de los confiados,

el destino de los hombres satisfechos:

son un rebaño para el abismo,

la muerte es su pastor,

y bajan derechos a la tumba;

se desvanece su figura

y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,

me saca de las garras del abismo

y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre

y aumenta el fasto de su casa:

cuando muera, no se llevará nada,

su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:

«Ponderan lo bien que lo pasas»,

irá a reunirse con sus antepasados,

que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente

es como un animal que perece.

«Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE

St 2, 14. 17. 18b

Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

R. Señor, ten misericordia.
V. Sáname, porque he pecado contra ti.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Todos vosotros sois hermanos; no deis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os proclaméis maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Todos vosotros sois hermanos; no deis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os proclaméis maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

Preces

Oremos a Jesús, el Señor, que levantado en la cruz atrae a todos hacia él, y digámosle:

Atrae, Señor, a todos hacia ti.

Señor, que la luz con que resplandece el misterio de la cruz atraiga a todos los hombres, — para que te reconozcan como camino, verdad y vida.

Da tu agua viva a todos los sedientos de verdad, — para que su sed quede eternamente saciada.

Ilumina a los científicos y a los artistas, — para que el progreso sea también camino de salvación.

Mueve los corazones de los que se apartaron de ti a causa del pecado o del escándalo, — para que se conviertan a ti y permanezcan en tu amor.

Admite en tu reino a todos los difuntos, — para que se alegren eternamente con la Virgen María y con todos los santos.

Oración

Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.