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Orar

Jueves, 25 de febrero de 2027

Jueves de la 2ª semana de Cuaresma

Cuaresma · Morado

VÍSPERAS

Himno

Señor, la luz del día ya se apaga,

la noche va extendiendo sus tinieblas;

alumbra lo más hondo de las almas

en este santo tiempo de Cuaresma.

Conoces nuestra vida y nuestra historia

y sabes que también hemos pecado,

por eso hacia ti nos dirigimos

confiando que seremos perdonados.

Unidos con la Iglesia recorremos

la senda que nos lleva hasta el Calvario,

llevando en nuestro cuerpo tus dolores,

sufriendo lo que aún no has completado.

Escucha nuestra voz, amado Padre,

que, junto con tu Hijo Jesucristo,

enviaste tu Espíritu a los hombres,

sellando con tu gracia sus destinos. Amén.

Salmodia

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71

Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)

Dios mío, confía tu juicio al rey,

tu justicia al hijo de reyes,

para que rija a tu pueblo con justicia,

a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,

y los collados justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos del pobre

y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,

como la luna, de edad en edad;

que baje como lluvia sobre el césped,

como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia

y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;

que sus enemigos muerdan el polvo;

que los reyes de Tarsis y de las islas

le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia

le ofrezcan sus dones;

que se postren ante él todos los reyes,

y que todos los pueblos le sirvan.

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71

Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)

Él librará al pobre que clamaba,

al afligido que no tenía protector;

él se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,

su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;

él intercederá por el pobre

y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,

y ondee en lo alto de los montes,

den fruto como el Líbano,

y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,

y su fama dure como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos,

y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas;

bendito por siempre su nombre glorioso,

que su gloria llene la tierra.

¡Amén, amén!

Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico · Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron

en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE

St 4, 7-8. 10

Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»

R. Señor, ten misericordia.
V. Sáname, porque he pecado contra ti.

R. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Aquel rico que negó las migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Aquel rico que negó las migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua.

Preces

Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.

Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo, — para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.

Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo — y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.

Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo — y que respetemos su libertad y su conciencia.

Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales — y que atiendan a las necesidades de los demás.

Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad — y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.

Oración

Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para hacer el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.