Saltar al contenido

Orar

Sábado, 27 de febrero de 2027

San Gregorio de Narek, Abad y doctor de la Iglesia

Cuaresma · Morado

I VÍSPERAS

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Gregorio de Narek, Abad y doctor de la Iglesia.

I Vísperas del domingo siguiente

Himno

Insigne defensor de nuestra causa,

Señor y Salvador del pueblo humano,

acoge nuestras súplicas humildes,

perdona nuestras culpas y pecados.

El día con sus gozos y sus penas

pasó dejando huellas en el alma,

igual que nuestros pies en su camino

dejaron en el polvo sus pisadas.

No dejes de mirarnos en la noche,

dormida nuestra vida en su regazo;

vigila el campamento de los hombres,

camino de tu reino ya cercano.

Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,

sé nube luminosa en el desierto,

sé fuerza recobrada en el descanso,

mañana y horizonte siempre abierto.

Bendice, Padre santo, la tarea

del pueblo caminante en la promesa;

llegados a Emaús, tu Hijo amado

nos parta el pan y el vino de la cena. Amén.

Salmodia

«Convertíos y creed la Buena Noticia», dice el Señor.

Salmo 112

Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. (Lc 1, 52)

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

«Convertíos y creed la Buena Noticia», dice el Señor.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Salmo 115

Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb 13, 15)

Tenía fe, aun cuando dije:

“¡Qué desgraciado soy!”

Yo decía en mi apuro:

“Los hombres son unos mentirosos.”

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Nadie me quita la vida; yo mismo la entrego de mi propia voluntad, para volverla a tomar.

Cántico · Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Nadie me quita la vida; yo mismo la entrego de mi propia voluntad, para volverla a tomar.

LECTURA BREVE

2Co 6, 1-4a

Os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano la gracia de Dios, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Preces

Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, a tu pueblo.

Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes, — para que nuestro amor crezca y sea verdadero.

Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos — y tu sed en los sedientos.

Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, — haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.

Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos, — sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.

Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección — y gocen eternamente de tu amor.

Oración

Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.