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Orar

Domingo, 28 de febrero de 2027

3º domingo de Cuaresma

Cuaresma · Morado · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. R. Aleluya, (aleluya).

Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha». Aleluya.

Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Himno

Oh bondadoso Creador, escucha

la voz de nuestras súplicas y el llanto

que, mientras dura el sacrosanto ayuno

de estos cuarenta días, derramamos.

A ti, que escrutas nuestros corazones

y que conoces todas sus flaquezas,

nos dirigimos para suplicarte

la gracia celestial de tu indulgencia.

Mucho ha sido, en verdad, lo que pecamos,

pero estamos, al fin, arrepentidos,

y te pedimos, por tu excelso nombre,

que nos cures los males que sufrimos.

Haz que, contigo ya reconciliados,

podamos dominar a nuestros cuerpos,

y, llenos de tu amor y de tu gracia,

no pequen más los corazones nuestros.

Oh Trinidad Santísima, concédenos,

oh simplicísima Unidad, otórganos

que los efectos de la penitencia

de estos días nos sean provechosos. Amén.

Salmodia

Señor, Dios todopoderoso, líbranos por la gloria de tu nombre y concédenos un espíritu de conversión.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Señor, Dios todopoderoso, líbranos por la gloria de tu nombre y concédenos un espíritu de conversión.

Nos rescataron a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.

Salmo 110

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente. (Ap 15, 3)

Doy gracias al Señor de todo corazón,

en compañía de los rectos, en la asamblea.

Grandes son las obras del Señor,

dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,

su generosidad dura por siempre;

ha hecho maravillas memorables,

el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,

recordando siempre su alianza;

mostró a su pueblo la fuerza de su poder,

dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,

todos sus preceptos merecen confianza:

son estables para siempre jamás,

se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,

ratificó para siempre su alianza,

su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,

tienen buen juicio los que lo practican;

la alabanza del Señor dura por siempre.

Nos rescataron a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

Cántico · 1Pe 2, 21b-24

Cristo padeció por nosotros,

dejándonos un ejemplo

para que sigamos sus huellas.

Él no cometió pecado

ni encontraron engaño en su boca;

cuando lo insultaban, no devolvía el insulto;

en su pasión no profería amenazas;

al contrario, se ponía en manos

del que juzga justamente.

Cargado con nuestros pecados subió al leño,

para que, muertos al pecado,

vivamos para la justicia.

Sus heridas nos han curado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.

LECTURA BREVE

1Co 9, 24-25

Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno solo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.

R. Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Dice el Señor: «El que beba del agua que yo le dé no tendrá ya sed jamás.»

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Dice el Señor: «El que beba del agua que yo le dé no tendrá ya sed jamás.»

Preces

Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, la Palabra encarnada, nos hace renacer de un germen incorruptible y eterno, y supliquémosle, diciendo:

Señor, ten piedad de tu pueblo.

Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo — y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo.

Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas, — y a trabajar por su bien y por la concordia mutua.

Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo — y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor.

Tú que por la predicación de Jonás exhortaste a los ninivitas a la penitencia, — haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión.

Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez, — y gocen eternamente de tu presencia.

Oración

Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.