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Orar

Miércoles, 3 de marzo de 2027

Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

Cuaresma · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Cuando vuelto hacia ti de mi pecado

iba pensando en confesar sincero

el dolor desgarrado y verdadero

del delito de haberte abandonado;

cuando pobre volvime a ti humillado,

me ofrecí como inmundo pordiosero;

cuando, temiendo tu mirar severo,

bajé los ojos, me sentí abrazado.

Sentí mis labios por tu amor sellados

y ahogarse entre tus lágrimas divinas

la triste confesión de mis pecados.

Llenóse el alma en luces matutinas,

y, viendo ya mis males perdonados,

quise para mi frente tus espinas. Amén.

Salmodia

Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Salmo 85

Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 3. 4)

Inclina tu oído, Señor; escúchame,

que soy un pobre desamparado;

protege mi vida, que soy un fiel tuyo;

salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,

que a ti te estoy llamando todo el día;

alegra el alma de tu siervo,

pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,

y tú me escuchas.

No tienes igual entre los dioses, Señor,

ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán

a postrarse en tu presencia, Señor;

bendecirán tu nombre:

«Grande eres tú, y haces maravillas;

tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,

para que siga tu verdad;

mantén mi corazón entero

en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;

daré gloria a tu nombre por siempre,

por tu grande piedad para conmigo,

porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,

una banda de insolentes atenta contra mi vida,

sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera, rico en piedad y leal,

mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,

salva al hijo de tu esclava;

dame una señal propicia,

que la vean mis adversarios y se avergüencen,

porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Cántico · Is 33, 13-16

La promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos. (Hch 2, 39)

Los lejanos, escuchad lo que he hecho;

los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores,

y un temblor se apodera de los perversos:

«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,

quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?»

El que procede con justicia y habla con rectitud

y rehúsa el lucro de la opresión;

el que sacude la mano rechazando el soborno

y tapa su oído a propuestas sanguinarias,

el que cierra los ojos para no ver la maldad:

ése habitará en lo alto,

tendrá su alcázar en un picacho rocoso,

con abasto de pan y provisión de agua.

Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Aclamad al Rey y Señor.

Salmo 97

Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión de los paganos. (S. Atanasio)

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas:

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera;

gritad, vitoread, tocad:

tocad la cítara para el Señor,

suenen los instrumentos:

con clarines y al son de trompetas

aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,

la tierra y cuantos la habitan;

aplaudan los ríos, aclamen los montes

al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia

y los pueblos con rectitud.

Aclamad al Rey y Señor.

LECTURA BREVE

Dt 7, 6. 8-9

El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

«No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud», dice el Señor.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

«No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud», dice el Señor.

Preces

Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle:

Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo.

Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo, — para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.

Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu — y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.

Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia — y a poner nuestro corazón en los bienes eternos.

Líbranos del mal — y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien.

Oración

Concédenos, Señor, que, purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.