Saltar al contenido

Orar

Martes, 9 de marzo de 2027

Santa Francisca Romana, religiosa

Cuaresma · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Francisca Romana, religiosa.

Himno

Edificaste una torre

para tu huerta florida;

un lagar para tu vino

y, para el vino, una viña.

Y la viña no dio uvas,

ni el lagar buena bebida:

sólo racimos amargos

y zumos de amarga tinta.

Edificaste una torre,

Señor, para tu guarida;

un huerto de dulces frutos,

una noria de aguas limpias,

un blanco silencio de horas

y un verde beso de brisas.

Y esta casa que es tu torre,

este mi cuerpo de arcilla,

esta sangre que es tu sangre

y esta herida que es tu herida

te dieron frutos amargos,

amargas uvas y espinas.

¡Rompe, Señor, tu silencio,

rompe tu silencio y grita!

Que mi lagar enrojezca

cuando tu planta lo pise,

y que tu mesa se endulce

con el vino de tu viña. Amén.

Salmodia

Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

Salmo 100

Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)

Voy a cantar la bondad y la justicia,

para ti es mi música, Señor;

voy a explicar el camino perfecto:

¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón

dentro de mi casa;

no pondré mis ojos

en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal,

no se juntará conmigo;

lejos de mí el corazón torcido,

no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo

lo haré callar;

ojos engreídos, corazones arrogantes

no los soportaré.

Pongo mis ojos en los que son leales,

ellos vivirán conmigo;

el que sigue un camino perfecto,

ése me servirá.

No habitará en mi casa

quien comete fraudes;

el que dice mentiras

no durará en mi presencia.

Cada mañana haré callar

a los hombres malvados,

para excluir de la ciudad del Señor

a todos los malhechores.

Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.

No nos desampares, Señor, para siempre.

Cántico · Dn 3, 26-27. 29. 34-41

Arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados. (Hch 3, 19)

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,

digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

Porque eres justo

en cuanto has hecho con nosotros

y todas tus obras son verdad,

y rectos tus caminos,

y justos todos tus juicios.

Hemos pecado y cometido iniquidad

apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.

Por el honor de tu nombre,

no nos desampares para siempre,

no rompas tu alianza,

no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abraham, tu amigo,

por Isaac, tu siervo,

por Israel, tu consagrado,

a quienes prometiste

multiplicar su descendencia

como las estrellas del cielo,

como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño

de todos los pueblos;

hoy estamos humillados por toda la tierra

a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes,

ni profetas, ni jefes;

ni holocausto, ni sacrificios,

ni ofrendas, ni incienso;

ni un sitio donde ofrecerte primicias,

para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito,

y nuestro espíritu humilde,

como un holocausto de carneros y toros

o una multitud de corderos cebados;

que éste sea hoy nuestro sacrificio,

y que sea agradable en tu presencia:

porque los que en ti confían

no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón,

te respetamos y buscamos tu rostro.

No nos desampares, Señor, para siempre.

Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

Salmo 143 · 143, 1-10

Todo lo puedo en aquel que me conforta. (Flp 4, 13)

Bendito el Señor, mi Roca,

que adiestra mis manos para el combate,

mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,

baluarte donde me pongo a salvo,

mi escudo y mi refugio,

que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?

¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?

El hombre es igual que un soplo;

sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,

toca los montes, y echarán humo,

fulmina el rayo y dispérsalos,

dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:

defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,

de la mano de los extranjeros,

cuya boca dice falsedades,

cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,

tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:

para ti que das la victoria a los reyes,

y salvas a David, tu siervo.

Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.

LECTURA BREVE

Jl 2, 12-13

Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Él me librará de la red del cazador.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.

R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y vete en paz.»

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y vete en paz.»

Preces

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que nos dio a su Hijo unigénito, Palabra hecha carne, para que vivamos de ella, e invoquémoslo, diciendo:

Que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza.

Concédenos escuchar con más frecuencia tu palabra en este tiempo cuaresmal, — para que en la gran solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo, nuestra Pascua.

Que tu Espíritu Santo nos asista, — para que seamos testigos de tu verdad y de tu bondad ante los vacilantes y equivocados.

Concédenos vivir más profundamente el misterio de Cristo, — para que podamos dar testimonio de él con más fuerza y claridad.

En este tiempo de penitencia, Señor, renueva y purifica a tu Iglesia, — para que se manifieste con más claridad como signo de salvación.

Oración

Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.