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Orar

Miércoles, 17 de marzo de 2027

San Patricio, obispo

Cuaresma · Morado

Nona (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Patricio, obispo.

V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. R. Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Himno

Cada tarde se nos van los días,

y cada tarde el tiempo pasa;

se acaba nuestra vida cada tarde

y miramos la muerte más cercana.

Déjame todavía gozar el milagro

de tu luz, de tu sol, de tus albas;

déjame gozar el milagro de sentirme vivo

y de nacer para ti cada mañana.

Déjame, Señor, gozar de tu milagro

al llegar una vez más la tarde mansa,

porque tú eres el Dios de nuestras horas,

el Dios oculto de nuestra esperanza. Amén.

Salmodia

Salmo 118 · 118, 9-16

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?

Cumpliendo tus palabras.

Te busco, de todo corazón,

no consientas

que me desvíe de tus mandamientos.

En mi corazón escondo tus consignas,

así no pecaré contra ti.

Bendito eres, Señor,

enséñame tus leyes.

Mis labios van enumerando

los mandamientos de tu boca;

mi alegría es el camino de tus preceptos,

más que todas las riquezas.

Medito tus decretos,

y me fijo en tus sendas;

tu voluntad es mi delicia,

no olvidaré tus palabras.

Salmo 16

En los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas y fue escuchado. (Hb 5, 7)

Señor, escucha mí apelación,

atiende a mis clamores,

presta oído a mi súplica,

que en mis labios no hay engaño:

emane de ti la sentencia,

miren tus ojos la rectitud.

Aunque sondees mi corazón,

visitándolo de noche,

aunque me pruebes al fuego,

no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado

como suelen los hombres;

según tus mandatos yo me he mantenido

en la senda establecida.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,

y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;

inclina el oído y escucha mis palabras.

Muestra las maravillas de tu misericordia,

tú que salvas de los adversarios

a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,

a la sombra de tus alas escóndeme

de los malvados que me asaltan,

del enemigo mortal que me cerca.

Salmo 16

En los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas y fue escuchado. (Hb 5, 7)

Han cerrado sus entrañas

y hablan con boca arrogante;

ya me rodean sus pasos,

se hacen guiños para derribarme,

como un león ávido de presa,

como un cachorro agazapado en su escondrijo.

Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,

que tu espada me libre del malvado,

y tu mano, Señor, de los mortales;

mortales de este mundo: sea su lote esta vida;

de tu despensa les llenarás el vientre,

se saciarán sus hijos

y dejarán a sus pequeños lo que sobra.

Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,

y al despertar me saciaré de tu semblante.

LECTURA BREVE

Hb 9, 28

Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de las multitudes, aparecerá por segunda vez, sin relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.

Oremos:

Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.