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Orar

Sábado, 20 de marzo de 2027

Sábado de la 5ª semana de Cuaresma

Cuaresma · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. El que obra la verdad viene a la luz. R. Y sus obras quedan de manifiesto.

Himno

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía!»

Y ¡cuántas, hermosura soberana:

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana! Amén.

Salmodia

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas r ealizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas;

gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abraham, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido!

El Señor es nuestro Dios,

él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abraham,

del juramento hecho a Isaac,

confirmado como ley para Jacob,

como alianza eterna para Israel:

«A ti te daré el país cananeo,

como lote de vuestra heredad.»

Cuando eran unos pocos mortales,

contados, y forasteros en el país,

cuando erraban de pueblo en pueblo,

de un reino a otra nación,

a nadie permitió que los molestase,

y por ellos castigó a reyes:

«No toquéis a mis ungidos,

no hagáis mal a mis profetas.»

Cantad al Señor y meditad sus maravillas.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas r ealizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre,

a José, vendido como esclavo;

le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

señor de todas sus posesiones,

para que a su gusto instruyera a los príncipes

y enseñase sabiduría a los ancianos.

No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

Salmo 104

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas r ealizadas por Dios en su venida. (S. Atanasio)

Entonces Israel entró en Egipto,

Jacob se hospedó en la tierra de Cam.

Dios hizo a su pueblo muy fecundo,

más poderoso que sus enemigos.

A éstos les cambió el corazón

para que odiasen a su pueblo,

y usaran malas artes con sus siervos.

Pero envió a Moisés, su siervo,

y a Aarón, su escogido,

que hicieron contra ellos sus signos,

prodigios en la tierra de Cam.

Envió la oscuridad, y oscureció,

pero ellos resistieron a sus palabras;

convirtió sus aguas en sangre,

y dio muerte a sus peces;

su tierra pululaba de ranas,

hasta en la alcoba del rey.

Ordenó que vinieran tábanos

y mosquitos por todo el territorio;

les dio en vez de lluvia granizo,

llamas de fuego por su tierra;

e hirió higueras y viñas,

tronchó los árboles del país.

Ordenó que viniera la langosta,

saltamontes innumerables,

que roían la hierba de su tierra,

y devoraron los frutos de sus campos.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,

primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,

y entre sus tribus nadie se enfermó;

los egipcios se alegraban de su marcha,

porque los había sobrecogido el terror.

Tendió una nube que los cubriese,

y un fuego que les alumbrase de noche.

Lo pidieron, y envió codornices,

los sació con pan del cielo;

hendió la peña, y brotaron las aguas,

que corrieron en ríos por el desierto.

Porque se acordaba de la palabra sagrada

que había dado a su siervo Abraham,

sacó a su pueblo con alegría,

a sus escogidos con gritos de triunfo.

Les asignó las tierras de los gentiles,

y poseyeron las haciendas de las naciones;

para que guarden sus decretos,

y cumplan su ley.

Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la carta a los Hebreos · 13, 1-25

Hermanos: Permanezca bien arraigada la caridad fraterna. No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles. Acordaos de los presos como si estuvieseis en la cárcel con ellos, y de los que son maltratados, pensando que también vosotros vivís en un cuerpo. Tened todos en gran honor el matrimonio, y que el lecho conyugal sea sin mancilla; Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros. No haya avaricia en vuestras costumbres; contentaos con lo que tenéis, pues él ha dicho: «Jamás te dejaré, ni te abandonaré.» Así que con toda confianza podemos decir: «El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?»

Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas. Es mejor ir fortaleciendo el corazón con la gracia que con los alimentos, de los que ningún provecho sacaron quienes a ellos se atuvieron. Nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que sirven en el tabernáculo. Los cuerpos de los animales, cuya sangre es introducida en el Santo de los Santos por el sumo sacerdote como sacrificio por el pecado, son quemados fuera del campamento. Así también Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.

No os olvidéis de la beneficencia y de la mutua asistencia; Dios se complace en tales sacrificios. Obedeced a vuestros superiores y vivid sometidos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta de las mismas. Haced de modo que cumplan con alegría y sin lamentaciones. De otro modo no sería provechoso para vosotros. Orad por nosotros, pues creemos tener conciencia recta cuando queremos conducimos bien en todas las cosas. Sobre todo, os ruego que lo hagáis para que cuanto antes me vea entre vosotros.

El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Os ruego, hermanos, que acojáis benévolamente este discurso de exhortación. Cierto que os lo mando con breves palabras. Sabed que ha sido puesto en libertad nuestro hermano Timoteo. Con él, si viene pronto, iré a veras. Saludad a todos vuestros superiores y a todos los fieles. Os saludan los de Italia. La gracia sea con todos vosotros.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro de los Números · 24, 1-19

En aquellos días, viendo Balaam que el Señor tenía a bien bendecir a Israel, no anduvo como las otras veces en busca de presagios, sino que se volvió hacia el desierto y, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El Espíritu de Dios vino sobre él y recitó sus versos:

«Oráculo de Balaam, hijo de Beor; oráculo del hombre de ojos perfectos, oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos. ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua rebosa de sus cubos y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag y su reino descuella. Dios lo sacó de Egipto embistiendo como un búfalo. Devorará a las naciones enemigas y triturará sus huesos, las traspasará con sus flechas. Se agazapa y se tumba como un león, o como una leona, ¿quién lo desafiará? Bendito quien te bendiga, maldito quien te maldiga.»

Balac entonces, irritado contra Balaam, dio una palmada y dijo:

«Te he llamado para maldecir a mi enemigo y ya lo has bendecido tres veces. Pues ahora escapa a tu patria. Te había prometido riquezas, pero el Señor te deja sin ellas.»

Balaam contestó:

«Ya se lo dije yo a los correos que enviaste: “Aunque Balac me regale su palacio lleno de oro y plata, no puedo quebrantar el mandato del Señor haciendo mal o bien por cuenta propia; lo que el Señor me diga lo diré.”

Ahora me vuelvo a mi pueblo, pero antes te explicaré lo que este pueblo hará al tuyo en el futuro.»

Y recitó sus versos:

«Oráculo de Balaam, hijo de Beor; oráculo del hombre de ojos perfectos, oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos. Lo veo, pero no es ahora; lo contemplo, pero no será pronto. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro de Israel. Triturará la frente de Moab y el cráneo de los hijos de Set; se adueñará de Edom, se apoderará de Seír, Israel ejercerá el poder, Jacob dominará y acabará con los que queden en la capital.»

SEGUNDA LECTURA

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

Es verdad que ahora celebraremos la Pascua todavía sacramentalmente; sin embargo, lo haremos ya con un conocimiento más claro que en la antigua ley (ya que la Pascua de la ley antigua era —no tengo reparo en decirlo— una figura más oscura que lo que representaba), y de aquí a poco la celebraremos de un modo más puro y perfecto, a saber, cuando aquel que es la Palabra beba con nosotros el vino nuevo en el reino de su Padre, dándonos la plena y clara inteligencia de lo que aquí nos enseñó de un modo más restringido. Decimos -nuevo», pues siempre resulta nuevo lo que se llega a comprender de una manera diferente.

Y ¿en qué consiste esa bebida y esa manera nueva de percibir? Eso es lo que toca a él enseñar a sus discípulos, y a nosotros aprenderlo. Y la doctrina de aquel que alimenta es también alimento.

Celebremos, pues, ahora también nosotros lo mismo que celebraba la ley antigua, pero no en un sentido literal, sino evangélico; de una manera perfecta, no imperfecta; de un modo eterno, no temporal. Sea nuestra capital no la Jerusalén terrena, sino la metrópoli celestial; quiero decir, no ésta que es ahora hollada por los ejércitos, sino la que es ensalzada por las -alabanzas y encomios angélicos.

Inmolemos no ya terneros y machos cabríos, que es cosa ya caducada y sin sentido, sino el sacrificio de alabanza, ofrecido a Dios en el altar del cielo, junto con los coros celestiales. Atravesemos el primer velo, no nos detengamos ante el segundo, contemplemos de lleno el santuario. Y diré más todavía: inmolémonos nosotros mismos a Dios, inmolemos cada día nuestra persona y toda nuestra actividad, imitemos la pasión de Cristo con nuestros propios padecimientos, honremos su sangre con nuestra propia sangre, subamos con denuedo a la cruz.

Si quieres imitar a Simón de Cirene, toma la cruz y sigue al Señor.

Si quieres imitar al buen ladrón crucificado con él, reconoce honradamente su divinidad; y así como entonces Cristo fue contado entre los malhechores, por ti y por tus pecados, así tú ahora, por él, serás contado entre los justos. Adora al que por amor a ti pende de la cruz y, crucificándote tú también, procura recibir algún provecho de tu misma culpa; compra la salvación con la muerte; entra con Jesús en el paraíso, para que comprendas de qué bienes te habías privado. Contempla todas aquellas bellezas; deja fuera, muerto, lo que hay en ti de murmurador y blasfemo.

Si quieres imitar a José de Arimatea, pide el cuerpo a aquel que lo mandó crucificar; haz tuya la víctima expiatoria del mundo.

Si quieres imitar a Nicodemo, el que fue a Jesús de noche, unge a Jesús con aromas, como lo ungió él para honrado en su sepultura.

Si quieres imitar a María, a la otra María, a Salomé y a Juana, ve de madrugada a llorar junto al sepulcro, y haz de manera que, quitada la piedra del monumento, puedas ver a los ángeles y aun al mismo Jesús.

R. Salgamos hacia Jesús fuera del campamento, cargando con su oprobio. * Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura.
V. Ante ti, Señor, somos emigrantes y extranjeros; nuestra vida terrena no es más que una sombra.

R. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro de Israel. * Ejercerá el poder sobre toda la tierra.
V. Que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan.

R. Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad; * salgamos, pues, hacia éi fuera del campamento, cargando con su oprobio.
V. Pues vosotros no habéis resistido aún hasta el derramamiento de sangre en vuestra lucha contra el pecado.

Oración

Dios nuestro, aunque continuamente realizas la salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.