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Orar

Domingo, 21 de marzo de 2027

Domingo de Ramos

Cuaresma · Rojo · Ciclo B

II VÍSPERAS

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Himno

Llevaba roja la túnica

y enrojecido el cabello.

¿De dónde, con pies sangrantes,

avanzas tú, Lagarero?

«Del monte de la batalla

y de la victoria vengo;

rojo fue mi atardecer,

blanco será mi lucero.»

Llevaba roja la túnica,

roja de sangre y fuego.

También de blanco le vi

el vestido y el aliento;

bello como las estrellas,

como flor de cardo bello.

Rojo como la amapola

y blanco como un cordero:

carmesíes sus heridas

y blancos sus pensamientos.

Llevaba blanca la túnica,

blanca de amor y fuego.

Por toda la negra tierra

el chorro de sus veneros:

sangre preciosa su sangre

que hace blanco el sufrimiento.

¡Oh Cristo, de sangre roja!

¡Oh Cristo, dolor supremo!

A ti el clamor de los hombres,

en ti nuestros clavos fieros.

Llevaba roja la túnica,

roja de sangre y fuego.

Amén.

Salmodia

Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.

Salmo 109 · 109, 1-5. 7

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno

según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso levantará la cabeza.

Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.

La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.

Salmo 113 B

Os convertisteis de los ídolos a Dios para consagraros al Dios vivo y verdadero. (1Ts 1, 9)

No a nosotros, Señor, no a nosotros,

sino a tu nombre da la gloria;

por tu bondad, por tu lealtad.

¿Por qué han de decir las naciones:

«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,

lo que quiere lo hace.

Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,

hechura de manos humanas:

tienen boca, y no hablan;

tienen ojos, y no ven;

tienen orejas, y no oyen;

tienen nariz, y no huelen;

tienen manos, y no tocan;

tienen pies, y no andan;

no tiene voz su garganta:

que sean igual los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

La casa de Aarón confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

Los fieles del Señor confían en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros

y nos bendiga,

bendiga a la casa de Israel,

bendiga a la casa de Aarón;

bendiga a los fieles del Señor,

pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,

a vosotros y a vuestros hijos;

benditos seáis del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

El cielo pertenece al Señor,

la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,

ni los que bajan al silencio.

Nosotros, sí, bendeciremos al Señor

ahora y por siempre.

La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.

Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

Cántico · 1Pe 2, 21b-24

Cristo padeció por nosotros,

dejándonos un ejemplo

para que sigamos sus huellas.

Él no cometió pecado

ni encontraron engaño en su boca;

cuando le insultaban, no devolvía el insulto;

en su pasión no profería amenazas;

al contrario, se ponía en manos

del que juzga justamente.

Cargado con nuestros pecados subió al leño,

para que, muertos al pecado,

vivamos para la justicia.

Sus heridas nos han curado.

Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

LECTURA BREVE

Hch 13, 26-30a

Hermanos, a vosotros envía Dios este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Y, a pesar de que no encontraron en él causa alguna digna de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir. Una vez que cumplieron todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo depositaron en un sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

RESPONSORIO BREVE

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Nuestro Señor es grande y poderoso.

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida.

R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

«Dice la Escritura: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”; pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis», dice el Señor.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

«Dice la Escritura: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”; pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis», dice el Señor.

Preces

Oremos humildemente al Salvador del género humano, que sube a Jerusalén a sufrir su pasión para entrar así en la gloria, y digámosle:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, — para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, — para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.

Mira con bondad a aquellos a quienes hemos escandalizado con nuestros pecados, — ayúdalos a ellos y corrígenos a nosotros, para que resplandezca en todo tu santidad y tu amor.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, — concede a tus fieles obediencia y paciencia.

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, — y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.