VÍSPERAS
El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.
Himno
En la Cena del Cordero
y habiendo ya cenado,
acabada la figura
comenzó lo figurado.
Por mostrar Dios a los suyos
cómo está de amor llagado,
todas las mercedes juntas
en una las ha cifrado.
Pan y vino material
en sus manos ha tomado
y, en lugar de pan y vino,
cuerpo y sangre les ha dado.
Si un bocado nos dio muerte,
la vida se da en bocado;
si el pecado dio el veneno,
el remedio Dios lo ha dado.
Haga fiesta el cielo y tierra
y alégrese lo criado,
pues Dios, no cabiendo en ello,
en mi alma se ha encerrado. Amén.
Salmodia
El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.
Salmo 71
Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.
El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. †
Salmo 71
Abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. (Mt 2, 11)
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
† él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!
El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. †
Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.
Cántico · Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.
LECTURA BREVE
Hb 13, 12-15
Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. Nada me falta.
V. En verdes praderas me hace recostar.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Magnificat
Cuando estaban cenando, Jesús tomó pan, rezó la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Cántico de María Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Cuando estaban cenando, Jesús tomó pan, rezó la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Preces
Adoremos a nuestro Salvador, que en la última Cena, la noche misma en que iba a ser entregado, confió a su Iglesia la celebración perenne del memorial de su muerte y resurrección; oremos, diciendo:
Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, — para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, — para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, — para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, — concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, — y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Oración
Dios nuestro, que, para tu mayor gloria y para la salvación del género humano, has constituido a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, haz que el pueblo que él conquistó con su sangre reciba plenamente, al participar del memorial de su pasión, los tesoros que dimanan de su muerte y resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
