OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
V. La palabra de Cristo habite con toda riqueza en vosotros. R. Exhortándoos mutuamente con toda sabiduría
Cantemos al Señor, sublime es su victoria.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Himno
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto espera,
en ágape de amor va nos alcanza,
solemne memorial en toda fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en ella. Amén.
Salmodia
Cantemos al Señor, sublime es su victoria. †
Cántico · Ex 15, 1-6. 13. 17-18
Cantemos al Señor, sublime es su victoria,
† caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes;
las olas los cubrieron,
cayeron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, resplandece por su fuerza,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
Guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Cantemos al Señor, sublime es su victoria. †
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. †
Salmo 41 · 41, 2-3. 5bcd; 42, 34
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
† tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿ cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?
Recuerdo cómo marchaba hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios mío.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. †
Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 117 · 117, 1-2. 16ab. 17. 22-23
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
† Lectura del evangelio según san Mateo 28, 1-10
Una vez pasado el sábado, estando ya para amanecer el primer día de la semana, vino María Magdalena, con la otra María, a ver el sepulcro. Y, de pronto, se produjo un gran terremoto: el ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó encima. Su semblante brillaba como el relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve. Los guardias quedaron aterrados y como muertos. Y, dirigiéndose el ángel a las mujeres, les dijo:
«No tengáis miedo, vosotras; ya sé que venís en busca de Jesús, el que ha sido crucificado. No está aquí; ha resucitado como ya lo había anunciado. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Id en seguida a decir a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos. Sabed que va antes que vosotros a Galilea. Allí lo veréis. Esto es lo que tenía que deciros.»
Abandonaron en seguida el sepulcro y, llenas de miedo y de gran gozo a la vez, fueron corriendo a llevar la noticia a los discípulos. Y de improviso les salió Jesús al encuentro, saludándolas con estas palabras:
«Dios os salve.»
Ellas se llegaron a él, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Entonces, Jesús les dijo:
«No tengáis miedo. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán.»
Aleluya, aleluya, aleluya.
SEGUNDA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel · 36, 16-28
El Señor me dirigió la palabra y me dijo:
«Cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la contaminó con su conducta y con sus malas obras; como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos por la sangre que habían derramado en el país y por haberlo contaminado con sus ídolos. Los esparcí por las naciones y anduvieron dispersos por los países; según su proceder y sus malas obras los juzgué. Al llegar a las diversas naciones profanaron mi santo nombre, pues decían de ellos: “Éstos son el pueblo del Señor, han tenido que salir de su tierra.” Entonces tuve consideración de mi nombre santo, profanado por la casa de Israel en las naciones adonde fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros en las naciones adonde fuisteis. Mostraré la santidad de mi nombre ilustre profanado entre los gentiles, que vosotros profanasteis en medio de ellos; y sabrán los gentiles que yo soy el Señor, cuando manifieste mi santidad a la vista de ellos, por medio de vosotros.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que .guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»
TERCERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos · 6, 3-11
Hermanos: Cuantos en el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jesús fuimos sumergidos en su muerte. Por nuestro bautismo fuimos, pues, sepultados con él, para participar de su muerte; para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Pues, si hemos sido injertados vitalmente en Cristo por la imagen de su muerte, también lo estaremos por la imagen de su resurrección.
Ya sabemos que nuestra antigua condición humana fue crucificada con Cristo, a fin de que la solidaridad general con el pecado fuese destruida y dejásemos de ser esclavos del pecado, pues el que muere queda libre de pecado.
Si verdaderamente hemos muerto con Cristo, tenemos fe de que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no tiene ya poder sobre él. Su muerte fue un morir al pecado de una vez para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. Así también considerad vosotros que estáis muertos al pecado, pero que vivís para Dios en unión con Cristo Jesús.
Oración
Dios nuestro, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz del nuevo Testamento, pues el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal y el pueblo liberado de la esclavitud fue imagen del pueblo cristiano; haz que todas las naciones, elevadas por la fe a la dignidad de pueblo elegido, sean regeneradas por la participación de tu Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Señor, Dios nuestro, fuerza inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a tu Iglesia, a quien has puesto como sacramento de salvación de la nueva alianza, y lleva a término, según tus designios, la obra de la redención humana: que todo el mundo vea y sienta cómo lo abatido se levanta y lo viejo se renueva, y cómo todo vuelve a su integridad primera por medio de Cristo, de quien todo procede. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Dios nuestro, que en este día nos abriste las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concédenos a todos los que celebramos su gloriosa resurrección que, por la nueva vida que tu Espíritu nos comunica, lleguemos también nosotros a resucitar a la luz de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. INVITATORIO Invitatorio se dice necesariamente al empezar las Laudes con la antífona siguiente:
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
