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Orar

Lunes, 29 de marzo de 2027

Lunes día de la Octava de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco · Ciclo B

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Las antífonas y los salmos se toman del Domingo de Pascua.

Himno

La bella flor que en el suelo

plantada se vio marchita

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

De tierra estuvo cubierta,

pero no fructificó

del todo, hasta que quedó

en un árbol seco injerta.

Y, aunque a los ojos del suelo

se puso después marchita,

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

Toda es de flores la fiesta,

flores de finos olores,

mas no se irá todo en flores,

porque flor de fruto es ésta.

Y, mientras su Iglesia grita

mendigando algún consuelo,

ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo.

Que nadie se sienta muerto

cuando resucita Dios,

que, si el barco llega al puerto,

llegamos junto con vos.

Hoy la Cristiandad se quita

sus vestiduras de duelo.

Ya torna, ya resucita,

ya su olor inunda el cielo. Amén.

Salmodia

A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Salmo 5 · 5, 2-10. 12-13

«Por la mañana escucharás mi voz» debe entenderse de la resurrección de Cristo.

Señor, escucha mis palabras,

atiende a mis gemidos,

haz caso de mis gritos de auxilio,

Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;

por la mañana escucharás mi voz,

por la mañana te expongo mi causa,

y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,

ni el malvado es tu huésped,

ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,

destruyes a los mentirosos;

al hombre sanguinario y traicionero

lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,

entraré en tu casa,

me postraré ante tu templo santo

con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,

porque tengo enemigos;

alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,

su corazón es perverso;

su garganta es un sepulcro abierto,

mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,

con júbilo eterno;

protégelos, para que se llenen de gozo

los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,

y como un escudo lo rodea tu favor.

A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Cántico · 1Cro 29, 10-13

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. (Ef 1, 3)

Bendito eres, Señor,

Dios de nuestro padre Israel,

por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

la gloria, el esplendor, la majestad,

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

tú eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,

tú eres señor del universo,

en tu mano está el poder y la fuerza,

tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,

nosotros te damos gracias,

alabando tu nombre glorioso.

Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Salmo 28

Vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.» (Mt 3, 17)

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,

el Dios de la gloria hace oír su trueno,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es magnífica,

la voz del Señor descuaja los cedros,

el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,

al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,

la voz del Señor sacude el desierto,

el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,

el Señor descorteza las selvas.

En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

El trono del Señor está encima de la tempestad,

el Señor se sienta como rey eterno.

El Señor da fuerza a su pueblo,

el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

LECTURA BREVE

Rm 10, 8b-10

«Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón», es decir, el mensaje de la fe que nosotros predicamos. Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación.

Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.
V. Bendito el Señor ahora y por siempre.

R. Ahora y por siempre.
V. Sólo él hizo maravillas.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Id en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado el Señor de entre los muertos.» Aleluya.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Id en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado el Señor de entre los muertos.» Aleluya.

Preces

Glorifiquemos a Cristo, a quien el Padre ha enaltecido dándole en herencia todas las naciones, y digámosle suplicantes:

Por tu victoria, sálvanos, Señor.

Señor Jesucristo, que en tu victoria destruiste el poder del abismo, venciendo la muerte y el pecado, — haz que también nosotros venzamos hoy el pecado.

Tú que alejaste de nosotros la muerte y nos has dado nueva vida, — concédenos andar hoy por la senda de esta vida nueva.

Tú que diste vida a los muertos, haciendo pasar a la humanidad entera de la muerte a la vida, — concede el don de la vida eterna a cuantos se relacionarán hoy con nosotros.

Tú que llenaste de confusión a los que hacían guardia ante tu sepulcro y alegraste a los discípulos con tus apariciones, — llena de gozo a cuantos te sirven.

Oración

Dios nuestro, que haces crecer a tu Iglesia dándole continuamente nuevos hijos por el bautismo, concédenos ser siempre fieles en nuestra vida a la fe que en ese sacramento hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.