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Orar

Martes, 30 de marzo de 2027

Martes día de la Octava de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco · Ciclo B

VÍSPERAS

Las antífonas y los salmos se toman del Domingo de Pascua.

Himno

Nos reúne de nuevo el misterio

del Señor que resurge a la vida,

con su luz ilumina a la Iglesia,

como el sol al nacer cada día.

Resucita también nuestras almas,

que tu muerte libró del castigo

y vencieron contigo al pecado

en las aguas del santo bautismo.

Transfigura los cuerpos mortales

que contemplan tu rostro glorioso,

bella imagen del Dios invisible

que ha querido habitar con nosotros.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro,

y a tu lado vivamos por siempre

dando gracias al Padre en el reino. Amén.

Salmodia

El Señor da la victoria a su Ungido.

Salmo 19

Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán. (Hch 2, 21)

Que te escuche el Señor el día del peligro,

que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;

que te envíe auxilio desde el santuario,

que te apoye desde el monte Sión;

Que se acuerde de todas tus ofrendas,

que le agraden tus sacrificios;

que cumpla el deseo de tu corazón,

que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria

y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;

que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor

da la victoria a su Ungido,

que lo ha escuchado desde su santo cielo,

con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,

otros en su caballería;

nosotros invocamos el nombre

del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,

nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey

y escúchanos cuando te invocamos.

El Señor da la victoria a su Ungido.

Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Salmo 20 · 20, 2-8. 14

El Señor resucitado recibió la vida, años que se prolongan sin término. (S. Ireneo)

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,

¡y cuánto goza con tu victoria!

Le has concedido el deseo de su corazón,

no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,

y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.

Te pidió vida, y se la has concedido,

años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,

lo has vestido de honor y majestad.

Le concedes bendiciones incesantes,

lo colmas de gozo en tu presencia:

porque el rey confía en el Señor

y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,

y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA BREVE

1Pe 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R. Más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.

R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Mientras estaba llorando junto al sepulcro, vi a mi Señor. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Mientras estaba llorando junto al sepulcro, vi a mi Señor. Aleluya.

Preces

Aclamemos alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó gloriosamente a vida nueva, y digámosle confiados:

Rey de la gloria, escúchanos.

Te rogamos, Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a tu pueblo — y lo conduzcan por los caminos del bien.

Te rogamos, Señor, por los que sirven a tu Iglesia con el estudio de tu palabra: — que escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.

Te rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el combate de la fe — y, habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.

Tú que en la cruz cancelaste la nota de cargo de nuestra deuda, — destruye también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.

Tú que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo, — recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

Oración

Señor Dios, que nos has proporcionado el remedio de nuestros males por el misterio pascual, colma a tu pueblo de tus dones celestiales, para que alcance la perfecta libertad y llegue a gozar plenamente en el cielo de la alegría que ya ha comenzado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.