Saltar al contenido

Orar

Miércoles, 7 de abril de 2027

San Juan Bautista de la Salle, presbítero

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. El Señor dijo a Moisés: «Escoge entre los israelitas a los levitas, y los demás israelitas les impondrán las manos.» R. Y, después de orar, les impusieron las manos. Aleluya.

Himno

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa. Amén.

Salmodia

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Yo me dije: vigilaré mi proceder,

para que no se me vaya la lengua;

pondré una mordaza a mi boca

mientras el impío esté presente.

Guardé silencio resignado,

no hablé con ligereza;

pero mi herida empeoró,

y el corazón me ardía por dentro;

pensándolo me requemaba,

hasta que solté la lengua.

Señor, dame a conocer mi fin

y cuál es la medida de mis años,

para que comprenda lo caduco que soy.

Me concediste un palmo de vida,

mis días son nada ante ti;

el hombre no dura más que un soplo,

el hombre pasa como pura sombra,

por un soplo se afana,

atesora sin saber para quién.

También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Salmo 38

La creación fue sometida a la frustración…, pero con la esperanza de verse liberada. (Rm 8, 20)

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?

Tú eres mi confianza.

Líbrame de mis iniquidades,

no me hagas la burla de los necios.

Enmudezco, no abro la boca,

porque eres tú quien lo ha hecho.

Aparta de mí tus golpes,

que el ímpetu de tu mano me acaba.

Escarmientas al hombre

castigando su culpa;

como una polilla roes sus tesoros;

el hombre no es más que un soplo.

Escucha, Señor, mi oración,

haz caso de mis gritos,

no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,

forastero como todos mis padres.

Aplaca tu ira, dame respiro,

antes de que pase y no exista.

Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

Salmo 51

El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)

¿Por qué te glorías de la maldad

y te envalentonas contra el piadoso?

Estás todo el día maquinando injusticias

tu lengua es navaja afilada,

autor de fraudes;

prefieres el mal al bien,

la mentira a la honradez;

prefieres las palabras corrosivas,

lengua embustera.

Pues Dios te destruirá para siempre,

te abatirá y te barrerá de tu tienda;

arrancará tus raíces

del suelo vital.

Lo verán los justos, y temerán,

y se reirán de él:

«Mirad al valiente

que no puso en Dios su apoyo,

confió en sus muchas riquezas,

se insolentó en sus crímenes.»

Pero yo, como verde olivo,

en la casa de Dios,

confío en su misericordia

por siempre jamás.

Te daré siempre gracias

porque has actuado;

proclamaré delante de tus fieles:

«Tu nombre es bueno.»

Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.

SEGUNDA LECTURA

De las Meditaciones de san Juan Bautista de la Salle, presbítero

Caed en la cuenta de lo que dice el apóstol Pablo, esto es, que Dios puso en su Iglesia apóstoles, profetas y doctores, y observaréis que es él quien os puso en vuestro oficio. Pablo es también quien os vuelve a dar testimonio, cuando dice que hay diversos ministerios y diversas operaciones y que es el mismo Espíritu quien se manifiesta en todas ellas para la utilidad común, es decir, para el bien de la Iglesia.

No dudéis entonces de que la gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios, que es quien os ha llamado a este oficio.

Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios porque ejercéis vuestro oficio con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois no sólo ministros de Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación.

Esto es lo que dice san Pablo cuando exhorta a que todos los que anuncian el Evangelio sean considerados como ministros de Cristo y que escriban la carta que Cristo dicta, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón de los niños. Por esto, el amor de Dios debe apremiaros, puesto que Jesucristo murió por todos para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó. Que vuestros discípulos, estimulados por vuestra diligencia y solicitud, sientan que es Dios mismo quien les exhorta por vuestro medio, ya que actuáis como embajadores de Cristo.

Es necesario que manifestéis a la Iglesia el amor que por ella sentís y le deis pruebas de vuestra diligencia, pues trabajáis en unión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Que vuestra actuación haga ver que amáis a los que Dios os encomendó con el mismo amor con que Cristo amó a su Iglesia.

Esforzaos porque los niños lleguen efectivamente a formar parte de este templo, de tal modo que sean dignos de presentarse un día ante el tribunal de Jesucristo gloriosamente, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, y puedan así manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de la gracia que Dios os otorgó para educar y enseñar, y a ellos para aprender, todo con vistas a la herencia del reino de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.

R. Le presentaban a Jesús unos niños para que les impusiera las manos; pero los discípulos trataban de apartarlos. Jesús, al verlo, les dijo: * «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos.» (T. P. Aleluya.)
V. Y tomándolos en sus brazos los bendecía, imponiendo su mano sobre ellos.

Oración

Señor, Dios nuestro, que elegiste a san Juan Bautista de la Salle para educar cristianamente a la juventud, suscita en tu Iglesia educadores que se consagren por entero a la formación humana y cristiana de los jóvenes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.