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Orar

Sábado, 10 de abril de 2027

Sábado de la 2ª semana de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco

I VÍSPERAS

I Vísperas del domingo siguiente

Himno

Revestidos de blancas vestiduras,

vayamos al banquete del Cordero

y, terminado el cruce del mar Rojo,

alcemos nuestro canto al Rey eterno.

La caridad de Dios es quien nos brinda

y quien nos da a beber su sangre propia,

y el Amor sacerdote es quien se ofrece

y quien los miembros de su cuerpo inmola.

Las puertas salpicadas con tal sangre

hacen temblar al ángel vengativo,

y el mar deja pasar a los hebreos

y sumerge después a los egipcios.

Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua,

ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima:

el ázimo purísimo y sincero

destinado a las almas sin mancilla.

Oh verdadera víctima del cielo,

que tiene a los infiernos sometidos,

ya rotas las cadenas de la muerte,

y el premio de la vida recibido.

Vencedor del averno subyugado,

el Redentor despliega sus trofeos

y, sujetando al rey de las tinieblas,

abre de par en par el alto cielo.

Para que seas, oh Jesús, la eterna

dicha pascual de nuestras almas limpias,

líbranos de la muerte del pecado

a los que renacimos a la vida.

Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo,

que de los muertos ha resucitado,

así como también al sacratísimo

Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén.

Salmodia

El Señor elevado sobre todos los cielos levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

Salmo 112

ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. (Lc 1, 52)

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

El Señor elevado sobre todos los cielos levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

Rompiste mis cadenas; te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

Salmo 115

ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb 13, 15)

Tenía fe, aun cuando dije:

«¡Qué desgraciado soy!»

Yo decía en mi apuro:

«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

en el atrio de la casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

Rompiste mis cadenas; te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer; y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Cántico · Flp 2, 6-11

CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se anonadó a sí mismo,

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer; y se ha convertido para los que lo obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

LECTURA BREVE

1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Al ver al Señor.

R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Quédate con nosotros, Señor, porque ya es tarde y el día se va. Aleluya.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Quédate con nosotros, Señor, porque ya es tarde y el día se va. Aleluya.

Preces

Oremos a Cristo, vida y resurrección de todos los hombres, y digámosle con fe:

Hijo de Dios vivo, protege a tu pueblo.

Te rogamos, Señor, por tu Iglesia extendida por todo el mundo: — santifícala y haz que cumpla su misión de llevar tu reino a todos los hombres.

Te pedimos por los que sufren hambre y por los que están tristes, por los enfermos, los oprimidos y los desterrados: — dales, Señor, ayuda y consuelo.

Te pedimos por los que se han apartado de ti por el error o por el pecado: — que obtengan la gracia de tu perdón y el don de una vida nueva.

Salvador del mundo, tú que fuiste crucificado, resucitaste, y has de venir a juzgar al mundo, — ten piedad de nosotros, pecadores.

Te rogamos, Señor, por los que viven en el mundo — y por los que han salido ya de él, con la esperanza de la resurrección.

Oración

Señor, que tú pueblo se regocije siempre, verse renovado y rejuvenecido por la resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de la adopción filial le de la firme esperanza de resucitar gloriosamente como Jesucristo. Que vive y reina contigo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.