OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir.
V. Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya. R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Aleluya.
Himno
La tumba abierta dice al universo:
«¡Vive! ¡Gritad, oh fuego, luz y brisa,
corrientes primordiales, firme tierra,
al Nazareno, dueño de la vida.»
La tumba visitada está exultando:
«¡Vive! ¡Gritad, montañas y colinas!
Le disteis vuestra paz, vuestra hermosura,
para estar con el Padre en sus vigilias.»
La tumba perfumada lo proclama:
«¡Vive! ¡Gritad, las plantas y semillas:
le disteis la bebida y alimento
y él os lleva en su carne florecida!»
La tumba santa dice a las mujeres:
«¡Vive! ¡Gritad, creyentes matutinas,
la noticia feliz a los que esperan,
y colmad a los hombres de alegría!»
¡Vive el Señor Jesús, está delante,
está por dentro, está emanando vida!
¡Cante la vida el triunfo del Señor,
su gloria con nosotros compartida! Amén.
Salmodia
El Señor los rescató de la opresión. Aleluya.
Salmo 77 · 77, 40-72
¡Qué rebeldes fueron en el desierto,
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a irritar al Santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los rescató de la opresión;
cuando hizo prodigios en Egipto,
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre
los canales y los arroyos,
para que no bebieran;
cuando les mandó tábanos que les picasen,
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;
cuando aplastó con granizo sus viñedos,
y con escarcha sus higueras,
cuando entregó sus ganados al pedrisco,
y al rayo sus rebaños;
cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira,
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:
no los salvó de la muerte,
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos en Egipto,
a las primicias de la virilidad
en las tiendas de Cam.
El Señor los rescató de la opresión. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
Elogio de san Fidel, presbítero y mártir
El papa Benedicto catorce celebró la figura de san Fidel, defensor de la fe católica, con estas palabras:
«Desplegando la plenitud de su caridad al socorro material de sus prójimos, acogía paternalmente a todos los pobres y los sustentaba haciendo colectas en favor suyo por todas partes.
Remediaba la indigencia de los huérfanos y las viudas con las limosnas de los ricos; socorría a los presos con toda clase de ayudas materiales y espirituales, visitaba a los enfermos y los reconciliaba con Dios, preparándoles para el último combate.
Su actividad más meritoria fue la que desplegó con ocasión de la peste que se declaró en el ejército austríaco, exponiéndose constantemente a las enfermedades y a la muerte.»
Junto con esta caridad, Fidel —hombre fiel por su nombre y por su vida— sobresalió en la defensa de la fe católica que predicó incansablemente. Pocos días antes de morir y confirmar esa fe con su propia sangre, en su último sermón dejó lo que podríamos llamar su testamento:
«¡Oh fe católica, qué estable y firme eres, qué bien arraigada, qué bien cimentada estás sobre roca inconmovible! El cielo y la tierra pasarán, pero tú nunca podrás pasar. El orbe entero te contradijo desde un principio, pero con tu poder triunfaste de todos.
Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe, que sometió al imperio de Cristo a los reyes más poderosos y puso a las naciones a su servicio.
¿Qué otra cosa, sino la fe, y principalmente la fe en la resurrección, hizo a los apóstoles y mártires soportar sus dificultades y sufrimientos?
¿Qué fue lo que hizo a los anacoretas despreciar los placeres y los honores y vivir en el celibato y la soledad, sino la fe viva?
¿Qué es lo que hoy lleva a los verdaderos cristianos a despreciar los placeres, resistir a la seducción y soportar rudos sufrimientos?
La fe viva, activa en la práctica del amor, es la que hace dejar los bienes presentes por la esperanza de los futuros y trocar los primeros por los segundos.»
R. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. * Ahora me aguarda la corona merecida. Aleluya.
V. Lo perdí todo a fin de tener una íntima experiencia de Cristo y de la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.
Oración
Señor Dios nuestro, que coronaste con la gloria del martirio a san Fidel de Sigmaringen, cuando, inflamado en tu amor, trabajaba por la propagación de la fe, concédenos, por su intercesión, que, arraigados y fundamentados también nosotros en la caridad, experimentemos el poder de la resurrección de Cristo y tengamos parte en su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
