Saltar al contenido

Orar

Sábado, 15 de mayo de 2027

Sábado de la 7ª semana de Pascua

Tiempo Pascual · Blanco

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Dios nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya. R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Aleluya.

Himno

¿Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, oscuro,

en soledad y llanto;

y tú, rompiendo el puro

aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados

y los ahora tristes y afligidos,

a tus pechos criados,

de ti desposeídos,

¿a dónde volverán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura

que no les sea enojos?

Quien gustó tu dulzura

¿qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al fiero viento, airado, Estando tú encubierto?

¿Qué norte guiará la nave al puerto?

Ay, nube envidiosa

aun de este breve gozo, ¿qué te quejas?

¿Dónde vas presurosa?

¡Cuán rica tú te alejas!

¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! Amén.

Salmodia

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Aleluya.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente.

Erraban por un desierto solitario,

no encontraban el camino de ciudad habitada;

pasaban hambre y sed,

se les iba agotando la vida;

pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los guió por un camino derecho,

para que llegaran a ciudad habitada.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes.

Yacían en oscuridad y tinieblas,

cautivos de hierros y miserias;

por haberse rebelado contra los mandamientos,

despreciando el plan del Altísimo.

Él humilló su corazón con trabajos,

sucumbían y nadie los socorría.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los sacó de las sombrías tinieblas,

arrancó sus cadenas.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Destrozó las puertas de bronce,

quebró los cerrojos de hierro.

Estaban enfermos, por sus maldades,

por sus culpas eran afligidos;

aborrecían todos los manjares,

y ya tocaban las puertas de la muerte.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Envió su palabra, para curarlos,

para salvarlos de la perdición.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza,

y cuenten con entusiasmo sus acciones.

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Aleluya.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas. Aleluya.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Entraron en naves por el mar,

comerciando por las aguas inmensas.

Contemplaron las obras de Dios,

sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,

que alzaba las olas a lo alto:

subían al cielo, bajaban al abismo,

su vida se marchitaba por el mareo,

rodaban, se tambaleaban como ebrios,

y no les valía su pericia.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,

y enmudecieron las olas del mar.

Se alegraron de aquella bonanza,

y él los condujo al ansiado puerto.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,

alábenlo en el consejo de los ancianos.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas. Aleluya.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor. Aleluya.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

El transforma los ríos en desierto,

los manantiales de agua en aridez;

la tierra fértil en marismas,

por la depravación de sus habitantes.

Transforma el desierto en estanques,

el erial en manantiales de agua.

Coloca allí a los hambrientos,

y fundan una ciudad para habitar.

Siembran campos, plantan huertos,

recogen cosechas.

Los bendice, y se multiplican,

y no les escatima el ganado.

Si menguan, abatidos por el peso

de infortunios y desgracias,

el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes

y los descarría por una soledad sin caminos

levanta a los pobres de la miseria

y multiplica sus familias como rebaños.

Los rectos lo ven y se alegran,

a la maldad se le tapa la boca.

El que sea sabio, que recoja estos hechos

y comprenda la misericordia del Señor.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Agustín, obispo

Sed ricos en buenas obras, dice el Señor. Éstas son las riquezas que debéis ostentar,que debéis sembrar. Éstas son las obras a las que se refiere el Apóstol, cuando dice que no debemos cansarnos de hacer el bien, pues a su debido tiempo recogeremos. Sembrad, aunque no veáis todavía lo que habéis de recoger. Tened fe y seguid sembrando. ¿Acaso el labrador, cuando siembra, contempla ya la cosecha? El trigo de tantos sudores, guardado en el granero, lo saca y lo siembra. Confía sus granos a la tierra. Y vosotros, ¿no confiáis vuestras obras al que hizo el cielo y la tierra?

Fijaos en los que tienen hambre, en los que están desnudos, en los necesitados de todo, en los peregrinos, en los que están presos. Todos éstos serán los que os ayudarán a sembrar vuestras obras en el cielo… La cabeza, Cristo, está en el cielo, pero tiene en la tierra sus miembros. Que el miembro de Cristo dé al miembro de Cristo; que el que tiene dé al que necesita. Miembro eres tú de Cristo y tienes que dar, miembro es él de Cristo y tiene que recibir. Los dos vais por el mismo camino, ambos sois compañeros de ruta. El pobre camina agobiado; tú, rico, vas cargado. Dale parte de tu carga. Dale, al que necesita, parte de lo que a ti te pesa. Tú te alivias y a tu compañero le ayudas.

De la bula Rationi congruit de Benedicto XIII

En Mantua Carpetana, sede de los reyes de España, llamada comúnmente Madrid, perteneciente a la diócesis de Toledo, nacido de humildes pero piadosos y católicos padres, floreció Isidro en el siglo XII.

Desde su infancia practicó Isidro las virtudes cristianas con tal grado de perfección que en su edad adulta prefirió vivir de la agricultura, por parecerle el oficio más humilde, más penoso y más apto y seguro para la salvación de su alma.

Toda su vida la desempeñó de manera que no fuera obstáculo, ni un solo día, para sus prácticas piadosas y vida religiosa. Nunca fue a labrar sin haber asistido primero al santo sacrificio de la misa, y haber implorado el auxilio de Dios y de la bienaventurada Virgen María.

En muchas ocasiones se vio protegido por el favor del cielo, en particular cuando fue acusado ante el amo de la tierra que cultivaba, de parecer negligente en su trabajo por su excesiva dedicación a las prácticas de piedad. El amo, lleno de cólera, marchó al campo que suponía abandonado, para castigar a Isidro. A su llegada, le vio arar con su yunta de bueyes, entre dos más, guiadas por otros tantos jóvenes, vestidos de blanco, que desaparecieron nada más aproximarse a Isidro. Comprendió entonces el dueño lo que muchas veces le había asegurado Isidro: que no eran horas perdidas las empleadas en el divino servicio.

Fue tan grande la caridad de Isidro hacia los demás que, aun siendo pobre, se privaba a sí mismo de lo necesario, para entregárselo a los necesitados.

Un buen día se acercó un mendigo a pedirle limosna. Muy apenado Isidro por no tener con qué socorrerle, porfió a su piadosísima mujer para que le diera alimentos. Ella, ante la insistencia de Isidro, aun sabiendo que la olla estaba vacía, por obedecerle, la registró una y otra vez. La encontró, al cabo, repleta de comida. De ella pudo extraer alimentos en abundancia y saciar el hambre de aquel mendigo.

Tan grande fue la confianza de este buen hombre en Dios, que en todos los asuntos, aun siendo grandes y difíciles, se mantenía seguro y esperanzado.

Dios puso de manifiesto los méritos y santidad de san Isidro con otros muchos y grandes milagros, hechos durante su vida.

R. Éste sí que realizó ante Dios obras realmente maravillosas, y alabó al Señor de todo corazón. * Que él interceda por los pecados de todos los pueblos. (T. P. Aleluya.)
V. Éste fue un hombre paciente, que tributó a Dios un culto verdadero, se abstuvo de todo mal y se mantuvo en la inocencia.

Oración

Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro Labrador nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea, al mismo tiempo, una plegaria de alabanza a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.