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Orar

Viernes, 21 de mayo de 2027

San Cristóbal Magallanes, presbítero y Compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de San Cristóbal Magallanes, presbítero y Compañeros, mártires.

V. El Señor nos instruirá en sus caminos. R. Y marcharemos por sus sendas.

Himno

Delante de tus ojos

ya no enrojecemos

a causa del antiguo

pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo

el corazón soberbio

y harás un pueblo humilde

de corazón sincero.

En medio de los pueblos

nos guardas como un resto,

para cantar tus obras

y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva

para los cielos nuevos;

sacerdotal estirpe,

según tu Primogénito.

Caerán los opresores

y exultarán los siervos;

los hijos del oprobio

serán tus herederos.

Señalarás entonces

el día del regreso

para los que comían

su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!

¡Alégrese mi pueblo!

Porque el Señor, que es justo,

revoca sus decretos:

la salvación se anuncia

donde acechó el infierno,

porque el Señor habita

en medio de su pueblo. Amén.

Salmodia

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Dios mío, sálvame,

que me llega el agua al cuello:

me estoy hundiendo en un cieno profundo

y no puedo hacer pie;

he entrado en la hondura del agua,

me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar,

tengo ronca la garganta;

se me nublan los ojos

de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza

son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,

los que me atacan injustamente.

¿Es que voy a devolver

lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia,

no se te ocultan mis delitos.

Que por mi causa no queden defraudados

los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen

los que te buscan, Dios de Israel.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre;

porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas conque te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;

cuando me visto de saco, se ríen de mí;

sentados a la puerta murmuran,

mientras beben vino me cantan burlas.

Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda;

líbrame de los que me aborrecen,

y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente,

que no me trague el torbellino,

que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,

por tu gran compasión vuélvete hacia mí;

no escondas tu rostro a tu siervo:

estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame,

líbrame de mis enemigos:

estás viendo mi afrenta,

mi vergüenza y mi deshonra;

a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.

Espero compasión, y no la hay;

consoladores, y no los encuentro.

En mi comida me echaron hiel,

para mi sed me dieron vinagre.

En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Salmo 68 · 68, 2-22. 30-37

Le dieron a beber vino mezclado con hiel. (Mt 27, 34)

Yo soy un pobre malherido;

Dios mío, tu salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos,

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión,

reconstruirá las ciudades de Judá,

y las habitarán en posesión.

La estirpe de sus siervos la heredará,

los que aman su nombre vivirán en ella.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la primera carta a los Corintios · 12, 31b—13, 13

Hermanos: Me queda por señalaros un camino excepcional. Ya puedo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, que, si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes.

Ya puedo hablar inspirado y penetrar todo secreto y todo el saber, ya puedo tener toda la fe, hasta mover montañas, que, si no tengo amor, no soy nada.

Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar vivo, que, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca. El don de predicar se acabará. El don de lenguas enmudecerá. El saber se acabará.

Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo

Queridísimos hermanos, cada vez que celebramos las fiestas de los mártires, debemos pensar que militamos bajo el mismo Rey bajo el que también ellos merecieron luchar y vencer.

Debemos pensar que hemos sido salvados por el mismo bautismo por el que ellos también fueron salvados, que gozamos y somos fortalecidos con los mismos sacramentos que ellos merecieron recibir, que llevamos en la frente el sello del Emperador que ellos también llevaron felizmente.

Por ello, cada vez que celebramos el aniversario de los santos mártires, los bienaventurados mártires deben reconocer en nosotros algo de sus virtudes, para que les agrade suplicar para nosotros la misericordia de Dios. En efecto, todos aman lo que les es semejante. Por tanto, si lo semejante se une a lo semejante, lo desemejante se aleja mucho. Nuestro particular bienaventurado,

cuya festividad deseamos celebrar con gozo, fue sobrio, ¿cómo se le podrá unir el que se da a la bebida? ¿Qué unión puede tener el humilde con el soberbio, el generoso con el envidioso, el espléndido con el avaro, el pacífico con el iracundo?

El bienaventurado mártir fue, sin duda, casto: ¿cómo podrá unirse al adúltero? Queridísimos hermanos, si los gloriosos mártires repartieron lo suyo con los pobres, ¿cómo podrán ser amigos de los que roban lo ajeno? Los santos mártires se afanaban en amar a los enemigos, ¿cómo tendrán parte con los que, a veces, ni siquiera se esfuerzan en el amor recíproco entre amigos?

Queridísimos hermanos, no nos contraríe imitar, en la medida de nuestras fuerzas, a los santos mártires para que, por sus méritos y oraciones, merezcamos ser absueltos de todos los pecados.

Alguno dirá: ¿quién puede imitar a los santos mártires? Con la ayuda de Dios podemos y debemos imitarlos en muchas cosas, si no en todo.

¿No puedes soportar el fuego? Puedes evitar la lujuria. ¿No puedes soportar la pezuña desgarradora? Rechaza la avaricia que conduce a negocios perversos y a ganancias malvadas. Si te vence lo fácil, ¿cómo no te destrozará lo difícil? La paz tiene también sus mártires: pues, en buena medida, participa del martirio el que vence a la ira, el que rehúye la envidia como si fuera un veneno viperino, el que rechaza la soberbia, el que expulsa del corazón el odio, el que refrena los deseos superfluos de la gula, el que no se entrega a la embriaguez.

Cada vez que y en cualquier lugar que trabajes por una causa justa, si das testimonio de ella, serás mártir. Puesto que Cristo es la justicia y la verdad, en cualquier lugar donde trabajes por la justicia o por la verdad o por la castidad, si las defiendes con todas tus fuerzas, recibirás la recompensa de los mártires.

Y como la palabra mártir significa testigo, quien da testimonio en favor de la verdad será indudablemente mártir de Cristo, que es la verdad.

R. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. * Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
V. En la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Oración

Dios eterno y omnipotente, que inspiraste en el presbítero san Cristóbal y sus compañeros la fidelidad al Reino de Cristo hasta el martirio; por su intercesión, concédenos que, perseverantes en la confesión de la verdadera fe, permanezcamos siempre fieles a los mandatos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.