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Orar

Sábado, 22 de mayo de 2027

Santa Rita de Cascia

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Rita de Cascia.

V. Tu fidelidad, Señor, llega hasta las nubes. R. Tus sentencias son como el océano inmenso.

Himno

Señor, tu que llamaste

del fondo del no ser todos los seres,

prodigios del cincel de tu palabra,

imágenes de ti resplandecientes;

Señor, tú que creaste

la bella nave azul en que navegan

los hijos de los hombres, entre espacios

repletos de misterio y luz de estrellas;

Señor, tú que nos diste

la inmensa dignidad de ser tus hijos,

no dejes que el pecado y que la muerte

destruyan en el hombre el ser divino.

Señor, tú que salvaste

al hombre de caer en el vacío,

recréanos de nuevo en tu Palabra

y llámanos de nuevo al paraíso.

Oh Padre, tú que enviaste

al mundo de los hombres a tu Hijo,

no dejes que se apague en nuestras almas

la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente.

Erraban por un desierto solitario,

no encontraban el camino de ciudad habitada;

pasaban hambre y sed,

se les iba agotando la vida;

pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los guió por un camino derecho,

para que llegaran a ciudad habitada.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes.

Yacían en oscuridad y tinieblas,

cautivos de hierros y miserias;

por haberse rebelado contra los mandamientos,

despreciando el plan del Altísimo.

Él humilló su corazón con trabajos,

sucumbían y nadie los socorría.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Los sacó de las sombrías tinieblas,

arrancó sus cadenas.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Destrozó las puertas de bronce,

quebró los cerrojos de hierro.

Estaban enfermos, por sus maldades,

por sus culpas eran afligidos;

aborrecían todos los manjares,

y ya tocaban las puertas de la muerte.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Envió su palabra, para curarlos,

para salvarlos de la perdición.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza,

y cuenten con entusiasmo sus acciones.

Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

Entraron en naves por el mar,

comerciando por las aguas inmensas.

Contemplaron las obras de Dios,

sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,

que alzaba las olas a lo alto:

subían al cielo, bajaban al abismo,

su vida se marchitaba por el mareo,

rodaban, se tambaleaban como ebrios,

y no les valía su pericia.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,

y enmudecieron las olas del mar.

Se alegraron de aquella bonanza,

y él los condujo al ansiado puerto.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,

alábenlo en el consejo de los ancianos.

Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

Salmo 106

Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo. (Hch 10, 36)

El transforma los ríos en desierto,

los manantiales de agua en aridez;

la tierra fértil en marismas,

por la depravación de sus habitantes.

Transforma el desierto en estanques,

el erial en manantiales de agua.

Coloca allí a los hambrientos,

y fundan una ciudad para habitar.

Siembran campos, plantan huertos,

recogen cosechas.

Los bendice, y se multiplican,

y no les escatima el ganado.

Si menguan, abatidos por el peso

de infortunios y desgracias,

el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes

y los descarría por una soledad sin caminos

levanta a los pobres de la miseria

y multiplica sus familias como rebaños.

Los rectos lo ven y se alegran,

a la maldad se le tapa la boca.

El que sea sabio, que recoja estos hechos

y comprenda la misericordia del Señor.

Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

PRIMERA LECTURA (Año I)

De la primera carta a los Corintios · 14, 1-19

Hermanos: Esforzaos por conseguir el amor. Aspirad a los carismas, pero, sobre todo, al de profecía o don de hablar bajo la inspiración de Dios. Quien tiene el don de lenguas no habla con los hombres, sino con Dios. Y así nadie le escucha, mientras él, bajo el influjo de la inspiración, va hablando de los misterios de Dios. En cambio, quien tiene el don de discursos inspirados o de profecía habla con los hombres, y edifica, exhorta y anima.

Quien tiene el don de lenguas mira a su propia edificación; en cambio, quien tiene el de profecía edifica a la Iglesia. Yo bien quisiera que tuvieseis todos el don de lenguas, pero mucho más que tuvieseis el don de discursos inspirados. Es superior el que posee este don al que tiene don de lenguas, a no ser que tenga también el don de interpretación, para edificar a la Iglesia.

Ahora bien, hermanos, ¿qué utilidad os puedo proporcionar, si me presento a vosotros hablando lenguas extrañas, pero sin hablaros mediante los carismas de revelación, o de ciencia, o de profecía, o de instrucción? Suponed instrumentos musicales, como la flauta o la cítara, que no tienen vida en sí, pero que emiten sonidos musicales. Si no dan notas distintas, ¿cómo se conocerá la melodía que tocan? Como, también, si la trompeta da sólo un toque indefinido, ¿quién se aprestará al combate?

Lo mismo sucede con vosotros. Si con vuestro don de lenguas pronunciáis un discurso ininteligible, ¿cómo se sabrá lo que decís? Estaríais hablando para las paredes. Tantas lenguas distintas como habrá en el mundo, y no hay ninguna sin voces articuladas. En consecuencia, si no conozco el significado de la voz, seré un extranjero para quien me habla, como también él será un extranjero para mí.

Así también vosotros: Ya que tan solícitos sois de los carismas, procurad tenerlos en gran número, para edificación de la Iglesia. Por esto, quien tenga don de lenguas, pida a Dios le dé también el de interpretación. Porque, si hago oración sirviéndome de mi don de lenguas, mi espíritu, ciertamente, reza;.pero mi mente queda sin sacar provecho. Así que, ¿qué voy a hacer? Orar con el espíritu, pero orar también con la mente. Cantar alabanzas con el espíritu, pero cantarlas también con la mente.

Si sólo con el espíritu alabas a Dios, ¿cómo el no iniciado va a responder: «Amén» a tu acción de gracias? No entiende lo que estás diciendo. Tú, sin duda, haces muy bien tu acción de gracias; pero el otro no saca provecho alguno. Gracias a Dios, hablo con el don de lenguas más que ninguno de vosotros; pero, en la asamblea de los fieles, prefiero decir cinco palabras inteligibles para instrucción de los demás, que diez mil con sólo el don de lenguas.

SEGUNDA LECTURA

De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

Jesucristo dice: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que queráis y os sucederá. Si permanecen en Cristo, ¿qué pueden querer sino lo que conviene a Cristo? Si permanecen en el Salvador, ¿qué pueden querer sino lo que no es ajeno a la salvación? Unas cosas las queremos porque estamos en Cristo, y otras cosas las queremos porque todavía estamos en este mundo. Por permanecer en este mundo, algunas veces se nos desliza la petición de algo cuya inconveniencia desconocemos. Pero no sucede esto en nosotros si permanecemos en Cristo que, cuando le pedimos, no hace sino lo que nos conviene.

Así, pues, permaneciendo en Él cuando sus palabras permanecen en nosotros, pediremos lo que queramos y nos sucederá. Porque si lo pedimos y no sucede, no hemospedido lo que permanece en Él ni lo que encierran sus palabras que permanecen ennosotros, sino que encierran la pasión y la debilidad de la carne que no está en Él y en la que no permanecen sus palabras.

Con sus palabras concuerda la oración que Él mismo nos enseñó y en la que decimos: Padre nuestro que estás en los cielos. En nuestras peticiones no nos apartemos de las palabras y el sentido de esta oración, y lo que pidamos sucederá.

Sólo entonces, cuando hagamos lo que mandó y amemos lo que prometió, se debe decir que sus palabras permanecen en nosotros; cuando sus palabras permanecen en la memoria pero no se encuentran en la manera de vivir, el sarmiento no cuenta para la vid, porque no recibe la vida de la raíz. A esta diferencia se puede aplicar lo que se dice en la Escritura: En la memoria guardan sus mandamientos para cumplirlos. Muchos los guardan en la memoria para despreciarlos o incluso para ridiculizarlos y atacarlos. Las palabras de Cristo no permanecen en quienes de algún modo tienen contacto con ellas, pero no están adheridos a ellas; por lo tanto, no les resultarán beneficiosas, sino que serán usadas como testimonio en su contra. Y porque están en ellos de modo tal que no permanecen en ellos, las tienen para ser condenados por ellas.

R. Guarda tu pie cuando entres en la casa de Dios. * Y acércate para escucharlo.
V. La obediencia es mejor que las víctimas de los necios.

Oración

Te pedimos, Señor, que nos concedas la sabiduría y la fortaleza de la cruz, con las que te dignaste enriquecer a santa Rita, para que, compartiendo las tribulaciones de la pasión de Cristo, podamos participar más íntimamente en su misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.