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Orar

Lunes, 31 de mayo de 2027

Visitación de la Santísima Virgen María

Tiempo Ordinario · Blanco

Vísperas

Himno

Una mujer creyente de Israel

es para siempre madre de la vida;

bendita por su fe la nueva Eva,

morada santa donde Dios habita.

Lo mismo que Isabel, la santa Iglesia

hoy a su madre alaba y felicita:

»¡Bendita seas, Dios está contigo,

llena de gracia al par, Virgen María!

Y bendito en la morada sempiterna

aquel que tú llevaste, Peregrina,

aquel que, con el Padre y el Espíritu,

al bendecirte a ti nos bendecía.» Amén.

Salmodia

Entró María en casa de Zacarías y saludó a Isabel. (T. P. Aleluya.)

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

Entró María en casa de Zacarías y saludó a Isabel. (T. P. Aleluya.)

Tan pronto como llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno saltos de alegría. (T. P. Aleluya.)

Salmo 126

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

los que coméis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;

una recompensa es el fruto de las entrañas:

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena

con ellas su aljaba:

no quedará derrotado cuando litigue

con su adversario en la plaza.

Tan pronto como llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno saltos de alegría. (T. P. Aleluya.)

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)

Cántico · Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas

tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)

LECTURA BREVE

1Pe 5, 5-7

Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

R. El Señor está contigo.
V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Aleluya, aleluya.
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava. (T. P. Aleluya.)

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava. (T. P. Aleluya.)

Preces

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:

Mira a la llena de gracia y escúchanos.

Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores — y a todos abundancia de salud y de paz.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, — y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Tú que hiciste de María la madre de misericordia, — haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.

Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José, — haz que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

Tú que coronaste a María como reina del cielo, — haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, tú que, cuando María llevaba en su seno a tu Hijo, le inspiraste que visitara a su prima santa Isabel, haz que nosotros seamos siempre dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu, para que, con María, podamos proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.