OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
V. Dichosos vuestros ojos porque ven. R. Y vuestros oídos porque oyen.
El Señor saca pan de los campos y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Himno
Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el Señor.
Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última verdad.
Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él está.
Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del Señor, que os salvará.
Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón. Amén.
Salmodia
Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
Salmo 103
El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. (2Co 5, 17)
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.
Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
El Señor saca pan de los campos y alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Salmo 103
El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. (2Co 5, 17)
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.
El Señor saca pan de los campos y alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.
Salmo 103
El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. (2Co 5, 17)
¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Del libro de Ben Sirá · 46, 1-12
Guerrero valiente fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés en la profecía, destinado, como su nombre lo indica, para alcanzar en sus días una gran salvación para los elegidos, para tomar venganza de los enemigos que surgían contra ellos y dar a Israel la posesión de su heredad.
¡Qué glorioso se mostraba cuando levantaba su brazo y blandía su espada contra las ciudades! ¿Quién le pudo resistir cuando peleaba las batallas del Señor? Ante su mano se detuvo el sol, y un día duró lo que dos días. Invocó al Dios Altísimo cuando sus enemigos lo acosaban por doquier, y el Dios Altísimo le respondió lanzando fuerte granizo y pedrisco contra las tropas enemigas, y en la cuesta aniquiló a los adversarios; para que supieran las naciones que el Señor velaba por sus batallas.
Y, porque siguió siempre plenamente al Señor, porque, en tiempo de Moisés, él y Caleb, hijo de Jefoné, se mantuvieron fieles, resistieron el motín del pueblo, apartaron de la asamblea la ira de Dios y acabaron con la murmuración, por eso, sólo ellos se libraron entre los seiscientos mil infantes, para introducir al pueblo en su heredad, en la tierra que mana leche y miel.
El Señor dio fuerzas a Caleb, que lo acompañaron hasta la ancianidad, y lo estableció en los montes de la tierra, que como heredad conservó su descendencia. Para que sepan los descendientes de Jacob que es bueno seguir plenamente al Señor.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de san Norberto, obispo
Norberto es contado, con toda razón, entre los que más eficazmente contribuyeron a la reforma gregoriana; él, en efecto, quiso antes que nada formar un clero entregado a una vida genuinamente evangélica y a la vez apostólica, casto y pobre, que aceptara «a la vez la vestidura y el ornato del hombre nuevo: lo primero en el hábito religioso, lo segundo en la dignidad de su sacerdocio.», y que se preocupara de «seguir las enseñanzas de la sagrada Escritura y de tener a Cristo por guía». Acostumbraba recomendar a este clero tres cosas: «En el altar y en los divinos oficios, decoro; en el capítulo, enmienda de las desviaciones y negligencias; con respecto a los pobres atenciones y hospitalidad.»
A los sacerdotes, que en la comunidad hacían las veces de los apóstoles, les agregó tal multitud de fieles laicos y de mujeres, a imitación de la Iglesia primitiva, que muchos aseguraban que nadie, desde el tiempo de los apóstoles, había podido adquirir para Cristo, en tan breve espacio de tiempo y con la formación que él les daba semejante cantidad de personas que procurasen seguir una vida de perfección.
Cuando lo nombraron arzobispo, encomendó a sus hermanos de religión la evangelización de los vendos; además, se esforzó en la reforma del clero de su diócesis a pesar de la turbación y conmoción que esto causó en el pueblo.
Finalmente, su principal preocupación fue consolidar y aumentar la armonía entre la Santa Sede y el Imperio, guardando, sin embargo, intacta la libertad en cuanto a los nombramientos eclesiásticos, lo que le valió estas palabras que le escribió el papa Inocencio segundo: «La Santa Sede se felicita de todo corazón de tener un hijo tan devoto como tú»; el emperador, por su parte, lo nombró gran canciller del Imperio.
Todo esto lo hizo movido por la fuerza que le daba su fe: «En Norberto —decían— destaca la fe, como en Bernardo de Claraval la caridad»; también se distinguió por la amabilidad de su trato, «ya que, grande entre los grandes y exiguo entre los pequeños, con todos se mostraba afable»; asimismo era notable su elocuencia: «Palabra de Dios llena de fuego, que quemaba los vicios, estimulaba las virtudes, enriquecía con su sabiduría a las almas bien dispuestas», ya que su valiente predicación era fruto de una meditación asidua y contemplativa de las cosas divinas.
R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta, armado de toda paciencia y doctrina; * arrostra los trabajos, realiza la función de proclamar la Buena Nueva. Aleluya.
V. Ten cuidado del rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar, como pastor de la Iglesia de Dios.
TE DEUM
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Oración
Dios nuestro, que hiciste resplandecer a san Norberto, obispo de tu Iglesia, como un fiel servidor de tu pueblo por su celo pastoral y por su espíritu de oración, concédenos, por sus plegarias, que el rebaño de tus fieles encuentre siempre pastos abundantes de doctrina y pastores según tu corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
