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Orar

Viernes, 11 de junio de 2027

San Bernabé, apóstol

Tiempo Ordinario · Rojo · Año impar (I)

Laudes

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Himno

Te doy gracias, Señor.

¡Tanto estabas enojado conmigo!

Tú eres un Dios de amor,

y ahora soy tu amigo,

te busco a cada instante y te persigo.

Eres tú mi consuelo,

tú eres el Dios que salva y da la vida;

eres todo el anhelo

de esta alma que va herida,

ansiándote sin tasa ni medida.

En mi tierra desierta,

tú de la salvación eres la fuente;

eres el agua cierta

que se vuelve torrente,

y el corazón arrasa dulcemente.

¡Quiero escuchar tu canto!

¡Que tu Palabra abrase mi basura

con alegría y llanto!

¡Que mi vida futura

espejo sea sin fin de tu hermosura! Amén.

Salmodia

Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Salmo 50

Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana. (Cf. Ef 4, 23-24)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Cántico · Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación. (Lc 21, 28)

¡Señor, he oído tu fama,

me ha impresionado tu obra!

En medio de los años, realízala;

en medio de los años, manifiéstala;

en el terremoto acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;

el Santo, del monte Farán:

su resplandor eclipsa el cielo,

la tierra se llena de su alabanza;

su brillo es como el día,

su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,

a salvar a tu ungido;

pisas el mar con tus caballos,

revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,

al oírlo se estremecieron mis labios;

me entró un escalofrío por los huesos,

vacilaban mis piernas al andar.

Tranquilo espero el día de la angustia

que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas

y las viñas no tienen fruto,

aunque el olivo olvida su aceituna

y los campos no dan cosechas,

aunque se acaban las ovejas del redil

y no quedan vacas en el establo,

yo exultaré con el Señor,

me gloriaré en Dios mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,

él me da piernas de gacela

y me hace caminar por las alturas.

En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Glorifica al Señor, Jerusalén. †

Salmo 147

Ven y te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. (Ap 21, 9)

Glorifica al Señor, Jerusalén;

† alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas

y con el frío congela las aguas;

envía una orden y se derriten;

sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos.

Glorifica al Señor, Jerusalén. †

LECTURA BREVE

1Co 15, 1-2a. 3-4

Hermanos: Os quiero traer a la memoria el mensaje evangélico que os prediqué; el que abrazasteis, el mismo en que os mantenéis firmes todavía y por el que estáis en camino de salvación. En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras.

R. Proclamaron.
V. Proclamaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya.

R. Aleluya, aleluya.
V. Y las maravillas que realizó.

R. Proclamaron.
V. Gloria.

Benedictus

Bernabé partió para Tarso en busca de Saulo; y luego lo llevó a Antioquía, allí vivieron dentro de la comunidad e instruyeron a muchísima gente. (T. P. Aleluya.)

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Bernabé partió para Tarso en busca de Saulo; y luego lo llevó a Antioquía, allí vivieron dentro de la comunidad e instruyeron a muchísima gente. (T. P. Aleluya.)

Preces

Aclamemos a nuestro Salvador, que ha aniquilado la muerte, y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el Evangelio, y supliquémosle, diciendo:

Confirma a tu Iglesia en la fe y la caridad.

Tú que por medio de doctores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, — haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, — llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Oración

Dios nuestro, que, después de haber infundido en abundancia la fe y el Espíritu Santo en San Bernabé, lo destinaste para que anunciara a los pueblos paganos el mensaje de salvación, haz que el Evangelio de Cristo, que él predicó valerosamente, sea proclamado con fidelidad por nuestras palabras y nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.