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Orar

Lunes, 26 de julio de 2027

San Joaquín y Santa Ana

Tiempo Ordinario · Blanco · Año impar (I)

Vísperas

Himno

Libra mis ojos de la muerte;

dales la luz, que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva,

cura su fiebre posesiva

y ábrela al bien de mis hermanos.

Haz que mi pie vaya ligero.

Da de tu pan y de tu vaso

al que te sigue, paso a paso,

por lo más duro del sendero.

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo.

¡Tantos me dicen que estás muerto!

Y entre la sombra y el desierto

dame tu mano y ven conmigo. Amén.

Salmodia

El Señor se complace en los justos.

Salmo 10

Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos quedarán saciados. (Mt 5, 6)

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:

«Escapa como un pájaro al monte,

porque los malvados tensan el arco,

ajustan las saetas a la cuerda,

para disparar en la sombra contra los buenos?

Cuando fallan los cimientos,

¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,

el Señor tiene su trono en el cielo;

sus ojos están observando,

sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,

y al que ama la violencia, él lo detesta.

Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,

les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:

los buenos verán su rostro.

El Señor se complace en los justos.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 14

Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12, 22)

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda

y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró

aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico · Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas

tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE

Rm 9, 4-5

Son ellos israelitas, de quienes es la adopción divina, la manifestación sensible de la presencia de Dios, las alianzas con él, la legislación de Moisés, el culto del templo y las promesas de Dios. De ellos son los patriarcas, y de ellos procede también Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.

R. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
V. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.

R. Acordándose de su misericordia.
V. Como lo había prometido a nuestros padres.

R. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

La ilustre estirpe de Jesé produjo un hermoso renuevo, del que brotó una flor que despide olor suavísimo.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

La ilustre estirpe de Jesé produjo un hermoso renuevo, del que brotó una flor que despide olor suavísimo.

Preces

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Favorece a tu pueblo, Señor.

Congrega en la unidad a todos los cristianos: — para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos: — que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad.

Muestra tu amor a los agonizantes: — que puedan contemplar tu salvación.

Ten piedad de los que han muerto — y acógelos en el descanso de Cristo.

Oración

Señor, Dios de nuestros padres, que concediste a san Joaquín y a santa Ana el privilegio de tener como hija a María, la madre del Señor, concédenos, por la intercesión de estos dos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.