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Orar

Sábado, 7 de agosto de 2027

Santos Sixto II, papa, y compañeros, mártires

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

Hoy la memoria es libre

Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santos Sixto II, papa, y compañeros, mártires.

V. Señor, enséñame tus caminos. R. Instrúyeme en tus sendas.

Himno

A caminar sin ti, Señor, no atino;

tu palabra de fuego es mi sendero;

me encontraste cansado y prisionero

del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino,

que en Emaús hay trigo en el granero,

hay un poco de vino y un alero

que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego;

tú conmigo, Señor, enfebrecido,

el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado

se encontrarán en un solo latido,

cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.

Salmodia

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.

Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

El hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

Salmo 135

Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)

Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:

porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:

porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:

porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:

porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:

porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del segundo libro de los Reyes · 4, 8-37

En aquellos días, pasó Eliseo por Sunán. Había allí una mujer rica que le obligó a comer en su casa; después, siempre que él pasaba, entraba allí a comer. Un día, dijo la mujer a su marido:

«Mira, ese que viene siempre por casa es un profeta santo. Si te parece, le hacemos en la azotea una habitación pequeña de tabique: le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil; y, cuando venga a casa, podrá quedarse allí arriba.»

Un día que Eliseo llegó a Sunán, subió a la habitación de la azotea ,y durmió allí. Después, dijo a su criado Guejazi:

«Llama a la sunamita.»

La llamó y se presentó ante él. Entonces, Eliseo habló a Guejazi:

«Dile: “Te has tomado todas estas molestias por nosotros. ¿Qué puedo hacer por ti? Si quieres alguna recomendación para el rey o el general …”»

Ella dijo:

«Yo vivo con los míos.»

Pero Eliseo insistió:

«¿Qué podríamos hacer por ella?»

Guejazi comentó:

«Qué sé yo. No tiene hijos y su marido es viejo.» Eliseo dijo:

«Llámala.»

La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo:

«El año que viene por estas fechas abrazarás a un hijo.»

Ella respondió:

«Por favor, no, señor, no engañes a tu servidora.»

Pero la mujer concibió, y dio a luz un hijo al año siguiente por aquellas fechas, como le había predicho Eliseo. El niño creció. Un día fue adonde su padre, que estaba con los segadores y dijo:

«¡Me duele la cabeza!»

Su padre dijo a un criado:

«Llévalo a su madre.»

El criado lo cogió y se lo llevó a su madre; ella lo tuvo en sus rodillas hasta el mediodía, y el niño murió. Lo subió y lo acostó en la cama del profeta. Cerró la puerta y salió. Llamó a su marido y le dijo:

«Haz el favor de mandarme un criado y una burra; voy a ir corriendo adonde el profeta y vuelvo en seguida.»

Él le dijo:

«¿Por qué vas a ir hoy a visitarlo, si no es luna nueva ni sábado?»

Pero ella respondió:

«Hasta luego.»

Hizo aparejar la burra y ordenó al criado:

«Toma el ronzal y anda. No aflojes la marcha si no te lo digo.»

Marchó, pues, y llegó adonde estaba el profeta, en el monte Carmelo. Cuando Eliseo la vio venir, dijo a su criado Guejazi:

«Allí viene la sunamita. Corre a su encuentro y pregúntale qué tal están ella, su marido y el niño.»

Ella respondió:

«Estamos bien.»

Pero al llegar junto al profeta, en lo alto del monte, se abrazó a sus pies. Guejazi se acercó para apartarla, pero el profeta le dijo:

«Déjala, que está apenada, y el Señor Ine lo tenía oculto sin revelármelo.»

Entonces, la mujer dijo:

«¿Te pedí yo un hijo? ¡Te dije que no me engañaras!»

Eliseo ordenó a Guejazi:

«Cíñete, coge mi bastón y ponte en camino; si encuentras a alguno, no lo saludes, y, si te saluda alguno, no le respondas. Y coloca mi bastón sobre el rostro del niño.»

Pero la madre exclamó:

«¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»

Entonces, Eliseo se levantó y la siguió. Mientras tanto, Guejazi se había adelantado y había puesto el bastón sobre el rostro del niño, pero el niño no habló ni reaccionó. Guejazi volvió al encuentro de Eliseo y le comunicó:

«El niño no se ha despertado.»

Eliseo entró en la casa y encontró al niño muerto tendido en su cama. Entró, cerró la puerta y oró al Señor. Luego, subió a la cama y se echó sobre el niño, boca con boca, ojos con ojos, manos, con manos, encogido sobre él; la carne del niño fue entrando en calor. Entonces, Eliseo se puso a pasear por la habitación, de acá para allá; subió de nuevo a la cama y se encogió sobre el niño, y así hasta siete veces; el niño estornudó y abrió los ojos. Eliseo llamó a Guejazi y le ordenó:

«Llama a la sunamita.»

La llamó, y, cuando llegó, le dijo Eliseo: «Toma a tu hijo.»

Ella entró y se arrojó a sus pies postrada en tierra. Luego, cogió a su hijo y salió.

SEGUNDA LECTURA

De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir

El motivo de que no os escribiera en seguida, hermano muy amado, es el hecho de que todos los clérigos, debido al estado de persecución en que nos hallamos, no podían en modo alguno salir de aquí, dispuestos como estaban, por el fervor de su ánimo, a la consecución de la gloria celestial y divina. Sabed que ya han vuelto los que había enviado a Roma con el fin de que se enteraran bien del contenido del rescripto que pesa sobre nosotros, ya que sólo teníamos acerca de él rumores y noticias inciertas.

La verdad es la siguiente: Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación; a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de su dignidad y de sus bienes, y, si a pesar de ello, perseveran en su condición de cristianos, serán decapitados; a las matronas se les confiscarán sus bienes y se las desterrará; los cesarianos todos que hayan profesado antes o profesen actualmente la fe cristiana serán desposeídos de sus bienes y enviados, en calidad de prisioneros, a las posesiones del Estado, levantándose acta de ello.

El emperador Valeriano ha añadido también a su decreto una copia de la carta enviada a los gobernadores de las provincias, y que hace referencia a nosotros; estamos esperando que llegue de un día a otro esta carta, manteniéndonos firmes en la fe y dispuestos al martirio, en expectación de la corona de vida eterna que confiamos alcanzar con la bondad y la ayuda del Señor. Sabed que Sixto, y con él cuatro diáconos, fueron ejecutados en el cementerio el día seis de agosto. Los prefectos de Roma no cejan ni un día en esta persecución, y todos los que son presentados a su tribunal son ejecutados y sus bienes entregados al fisco.

Os pido que comuniquéis estas noticias a los demás colegas nuestros, para que en todas partes las comunidades cristianas puedan ser fortalecidas por su exhortación y preparadas para la lucha espiritual, a fin de que todos y cada uno de los nuestros piensen más en la inmortalidad que en la muerte y se ofrezcan al Señor con fe plena y fortaleza de ánimo, con más alegría que temor por el martirio que se avecina, sabiendo que los soldados de Dios y de Cristo no son destruidos, sino coronados.

Te deseo en el Señor, hermano muy amado, que disfrutes siempre de buena salud.

R. Estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, * para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
V. Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.

Oración

Dios todopoderoso, que concediste al papa san Sixto y a sus compañeros, mártires, la valentía de entregar sus vidas por proclamar tu palabra y por dar testimonio de Jesús, infunde también en nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que seamos siempre dóciles en aceptar la fe y valerosos para proclamarla ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.