Saltar al contenido

Orar

Lunes, 13 de septiembre de 2027

San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor. R. Más que miel en la boca.

Himno

En el principio, tu Palabra.

Antes que el sol ardiera,

antes del mar y las montañas,

antes de las constelaciones,

nos amó tu Palabra.

Desde tu seno, Padre,

era sonrisa su mirada,

era ternura su sonrisa,

era calor de brasa.

En el principio, tu Palabra.

Todo se hizo de nuevo,

todo salió sin mancha,

desde el arrullo del río

hasta el rocío y la escarcha;

nuevo el canto de los pájaros,

porque habló tu Palabra.

Y nos sigues hablando todo el día,

aunque matemos la mañana

y desperdiciemos la tarde,

y asesinemos la alborada.

Como una espada de fuego,

en el principio, tu Palabra.

Llénanos de tu presencia, Padre;

Espíritu, satúranos de tu fragancia;

danos palabras para responderte,

Hijo, eterna Palabra. Amén.

Salmodia

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

¡Qué bueno es Dios para el justo,

el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,

casi resbalaron mis pisadas:

porque envidiaba a los perversos,

viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,

están sanos y engreídos;

no pasan las fatigas humanas

ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,

y los cubre un vestido de violencia;

de las carnes les rezuma la maldad,

el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,

y desde lo alto amenazan con la opresión.

Su boca se atreve con el cielo,

y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos

y se bebe sus palabras.

Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,

se va a enterar el Altísimo?»

Así son los malvados:

siempre seguros, acumulan riquezas.

Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

y he lavado en la inocencia mis manos?

¿Para qué aguanto yo todo el día

y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,

renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,

pero me resultaba muy difícil;

hasta que entré en el misterio de Dios,

y comprendí el destino de ellos.

Es verdad: los pones en el resbaladero,

los precipitas en la ruina;

en un momento causan horror,

y acaban consumidos de espanto.

Como un sueño al despertar, Señor,

al despertarte desprecias sus sombras.

Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

Salmo 72

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6)

Cuando mi corazón se agriaba

y me punzaba mi interior,

yo era un necio y un ignorante,

yo era un animal ante ti.

Pero yo siempre estaré contigo,

tú tomas mi mano derecha,

me guías según tus planes,

y me llevas a un destino glorioso.

¿No te tengo a ti en el cielo?;

y contigo, ¿qué me importa la tierra?

Se consumen mi corazón y mi carne

por Dios, mi herencia eterna.

Sí: los que se alejan de ti se pierden;

tú destruyes a los que te son infieles.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios,

hacer del Señor mi refugio,

y proclamar todas tus acciones

en las puertas de Sión.

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Oseas · 9, 1-14

No te alegres, Israel, no te regocijes como otros pueblos, porque te has prostituido abandonando a tu Dios. Vendiste tu amor por salario en todas las eras de trigo; la era y el lagar no los alimentarán, el vino les fallará. No habitarán en la tierra del Señor: Efraím volverá a Egipto, en Asiria comerán manjares profanos. No harán libaciones de vino al Señor, no le ofrecerán sacrificios. Comerán el pan del duelo, manjar impuro. Su pan les quitará el hambre, pero no entrará en la casa del Señor. ¿Qué haréis el día de la solemnidad, el día de la fiesta del Señor? Pues si escapan de la catástrofe, Egipto los congregará, Menfis los sepultará; su plata codiciada será ortigas, los cardos crecerán en sus tiendas.

Llegan los días de la cuenta, llegan los días de la retribución; que lo sepa Israel. Necio es el profeta, ridículo el hombre de espíritu; por la muchedumbre de tus iniquidades, por la abundancia de tus rebeliones. El profeta de mi pueblo vigila sobre Efraím; es red extendida en su camino, rebelión en el templo de su Dios. Se han corrompido profundamente, como en los días de Gabá: pero el Señor recordará sus iniquidades, castigará su pecado.

Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva en la higuera descubrí a vuestros padres. Pero ellos fueron a Baal-Fegor, se consagraron a la ignominia y se hicieron abominables como el que amaban. La gloria de Efraím emigra como un pájaro, desde el nacimiento, desde el vientre, desde la concepción; aunque se multipliquen sus hijos, los dejaré sin herederos. ¡Ay de ellos, cuando de ellos me aparte! Yo he visto a Efraím plantado en el prado, Efraím, para entregar al verdugo a sus hijos. Dales, Señor; y ¿qué les darás? Dales vientres estériles y pechos áridos.

SEGUNDA LECTURA

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo

Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por loslazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que túquieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.

R. Por el Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. * Por eso, lo aguanto todo por los elegidos.
V. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Oración

Señor Dios, fortaleza de los que en ti confían, tú que quisiste que el obispo san Juan Crisóstomo brillara por su admirable elocuencia y por su gran fortaleza en medio de las pruebas, haz que la sabiduría de este eximio doctor de la Iglesia nos ilumine y que el ejemplo de su invencible constancia nos fortalezca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.