Saltar al contenido

Orar

Sábado, 13 de noviembre de 2027

Sábado de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. No dejamos de orar y pedir por vosotros. R. Para que lleguéis al pleno conocimiento de la voluntad de Dios.

Himno

A caminar sin ti, Señor, no atino;

tu palabra de fuego es mi sendero;

me encontraste cansado y prisionero

del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino,

que en Emaús hay trigo en el granero,

hay un poco de vino y un alero

que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego;

tú conmigo, Señor, enfebrecido,

el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado

se encontrarán en un solo latido,

cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.

Salmodia

El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

convoca la tierra de oriente a occidente.

Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:

viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz,

lo rodea tempestad violenta.

Desde lo alto convoca cielo y tierra,

para juzgar a su pueblo:

«Congregadme a mis fieles,

que sellaron mi pacto con un sacrificio.»

Proclame el cielo su justicia;

Dios en persona va a juzgar.

El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.

Invócame el día del peligro y yo te libraré.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;

Israel, voy a dar testimonio contra ti;

—yo, el Señor, tu Dios—.

No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.

Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías,

y hay miles de bestias en mis montes;

conozco todos los pájaros del cielo,

tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría;

pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

¿Comeré yo carne de toros,

beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

cumple tus votos al Altísimo

e invócame el día del peligro:

yo te libraré, y tú me darás gloria.»

Invócame el día del peligro y yo te libraré.

El sacrificio de acción de gracias me honra.

Salmo 49

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)

Dios dice al pecador:

«¿Por qué recitas mis preceptos

y tienes siempre en la boca mi alianza,

tú que detestas mi enseñanza

y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él;

te mezclas con los adúlteros;

sueltas tu lengua para el mal,

tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu madre;

esto haces, ¿y me voy a callar?

¿Crees que soy como tú?

Te acusaré, te lo echaré en cara.»

Atención los que olvidáis a Dios,

no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias,

ése me honra,

al que sigue buen camino

le haré ver la salvación de Dios.

El sacrificio de acción de gracias me honra.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Ezequiel · 14, 12-23

En aquellos días, el Señor me dirigió la palabra y me dijo:

«Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo un delito, extenderé mi mano contra él, le cortaré el sustento de pan y le mandaré hambre, y extirparé de él hombres y animales. Si se encontrasen allí estos tres varones, Noé, Daniel y Job, por ser justos, salvarían ellos la vida —oráculo del Señor—. Si suelto por el país fieras salvajes que lo dejen sin hijos, para que quede devastado y sin nadie que lo transite, por miedo a las fieras, aunque esos tres varones se encuentren allí, ¡por mi vida! —oráculo del Señor—, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos se salvarán y el país quedará devastado.

Si mando la espada contra ese país, si ordeno a la espada que atraviese el país y extirpo de él hombres y animales, aunque se encuentren allí esos tres varones, ¡por mi vida! —oráculo del Señor—, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas, sino que ellos solos se salvarán. Si le envío la peste a ese país y derramo sobre él mi cólera, para extirpar de él hombres y animales, aunque se encuentren allí Noé, Daniel y Job, ¡por mi vida! —oráculo del Señor—, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas, sino que ellos solos, por ser justos, salvarán la vida.

Pues así dice el Señor: ¡Cuánto más cuando yo mande mis cuatro fatídicas plagas: la espada, el hambre, las fieras salvajes y la peste, contra Jerusalén, para extirpar de ella hombres y animales! Si queda allí algún superviviente, hijos e hijas que hayan logrado evadirse adonde estáis vosotros, entonces, al ver su conducta y sus malas obras, os sentiréis aliviados de la catástrofe que mandé contra Jerusalén, de todo lo que mandé contra ella. Sí que os aliviarán: pues al ver su conducta y sus malas obras, caeréis en la cuenta de que no sin razón ejecuté en ella lo que ejecuté —oráculo del Señor—.»

SEGUNDA LECTURA

De la Homilía de un autor del siglo segundo

Seamos también nosotros de los que alaban y sirven a Dios, y no de los impíos, que serán condenados en el juicio. Yo mismo, a pesar de que soy un gran pecador y de que no he logrado todavía superar la tentación ni las insidias del diablo; me esfuerzo en practicar el bien y, por temor al juicio futuro, trato al menos de irme acercando a la perfección.

Por esto, hermanos y hermanas, después de haber escuchado la, palabra del Dios de verdad, os leo esta exhortación para que, atendiendo a lo que está escrito, nos salvemos todos, tanto vosotros como el que lee entre vosotros; os pido por favor que os arrepintáis de todo corazón, con lo que obtendréis la salvación y la vida. Obrando así serviremos de modelo a todos aquellos jóvenes que quieren consagrarse a la bondad y al amor de Dios. No tomemos a mal ni nos enfademos tontamente cuando alguien nos corrija con el fin de retornarnos al buen camino, porque a veces obramos el mal sin darnos cuenta, por nuestra doblez de alma y por la incredulidad que hay en nuestro interior, y porque tenemos sumergido el pensamiento en las tinieblas a causa de nuestras malas tendencias.

Practiquemos, pues, el bien, para que al fin nos salvemos. Dichosos los que obedecen estos preceptos; aunque por un poco de tiempo hayan de sufrir en este mundo, cosecharán el fruto de la resurrección incorruptible. Por esto, no ha de entristecerse el justo, si en el tiempo presente sufre contrariedades; le aguarda un tiempo feliz; volverá a la vida junto con sus antecesores y gozará de una felicidad sin fin y sin mezcla de tristeza.

Tampoco ha de hacernos vacilar el ver que los malos se enriquecen mientras los siervos de Dios viven en la estrechez. Confiemos, hermanos y hermanas: sostenemos el combate del Dios vivo y lo ejercitamos en esta vida presente, con miras a obtener la corona en la vida futura. Ningún justo consigue en seguida la paga de sus esfuerzos, sino que tiene que esperarla pacientemente. Si Dios premiase en seguida a los justos, la piedad se convertiría en un negocio; daríamos la impresión de que queremos ser justos por amor al lucro y no por amor a la piedad. Por esto los juicios divinos a veces nos hacen dudar y entorpecen nuestro espíritu, porque no vemos aún las cosas con claridad.

Al solo Dios invisible, Padre de la verdad, que nos ha enviado al Salvador y Autor de nuestra incorruptibilidad, por el cual nos ha dado también a conocer la verdad y la vida celestial, a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

R. Que cada uno examine su propia conducta; y así encontrará en sí mismo motivos para gloriarse, y no en otros, * pues cada uno debe llevar su propia carga.
V. Aunque se encuentren allí, en el país que ha pecado, Noé, Daniel y Job, no salvarán a sus hijos ni a sus hijas.

R. Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad; pero vosotros no los temáis: * no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del cielo.
V. Nosotros combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes; el Señor los quebrantará ante nosotros.

R. Apártate del mal y haz el bien, * porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles.
V. No te exasperes por los malvados, ni envidies a los que obran el mal.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.