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Orar

Sábado, 20 de noviembre de 2027

Sábado de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año impar (I)

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Venid a ver las obras del Señor. R. Las maravillas que hace en la tierra.

Himno

Señor, tú que llamaste

del fondo del no ser todos los seres,

prodigios del cincel de tu palabra,

imágenes de ti resplandecientes;

Señor, tú que creaste

la bella nave azul en que navegan

los hijos de los hombres, entre espacios

repletos de misterio y luz de estrellas;

Señor, tú que nos diste

la inmensa dignidad de ser tus hijos,

no dejes que el pecado y que la muerte

destruyan en el hombre el ser divino.

Señor, tú que salvaste

al hombre de caer en el vacío,

recréanos de nuevo en tu Palabra

y llámanos de nuevo al paraíso.

Oh Padre, tú que enviaste

al mundo de los hombres a tu Hijo,

no dejes que se apague en nuestras almas

la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Salmo 130

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (Mt 11, 29)

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

Señor, tenle en cuenta a David

todos sus afanes:

cómo juró al Señor

e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,

no subiré al lecho de mi descanso,

no daré sueño a mis ojos,

ni reposo a mis párpados,

hasta que encuentre un lugar para el Señor,

una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,

la encontramos en el Soto de Jaar:

entremos en su morada,

postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,

ven con el arca de tu poder:

que tus sacerdotes se vistan de gala,

que tus fieles te aclamen.

Por amor a tu siervo David,

no niegues audiencia a tu Ungido.

Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

Salmo 131

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Lc 1, 32)

El Señor ha jurado a David

una promesa que no retractará:

«A uno de tu linaje

pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza

y los mandatos que les enseño,

también sus hijos, por siempre,

se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,

ha deseado vivir en ella:

«Ésta es mi mansión por siempre,

aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,

a sus pobres los saciaré de pan;

vestiré a sus sacerdotes de gala,

y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,

enciendo una lámpara para mi Ungido.

A sus enemigos los vestiré de ignominia,

sobre él brillará mi diadema.»

El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Ezequiel · 34, 1-6. 11-16. 23-31

En aquellos días, el Señor me dirigió la palabra y me dijo:

«Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, diciéndoles: “¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os bebéis su leche, os vestís con su lana; y matáis a las mejor alimentadas, pero no apacentáis las ovejas. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis las descarriadas ni buscáis a las perdidas, y las habéis dominado con crueldad y violencia. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por los montes y collados; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las cuidase y saliese en su busca.”

Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se dispersaron en un día de oscuridad y nubarrones. Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en las cañadas y en los poblados del país. Las apacentaré en ricos pastizales, tendrán sus dehesas en los montes más altos de Israel; se recostarán en fértiles campos y pastarán pastos jugosos en los montes de Israel.

Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a reposar —oráculo del Señor—. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.

Les daré un pastor único que las pastoree: rni siervo David; él las apacentará, él será su pastor. Yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, lo he dicho. Haré con ellos alianza de paz: exterminaré del país a las bestias feroces; acamparán seguros en el desierto, dormirán en los bosques. Yo los asentaré alrededor de mi colina, enviaré las lluvias a su tiempo, lluvias de bendición. El árbol del campo dará su fruto y la tierra dará su cosecha, y ellos estarán seguros en su territorio. Sabrán que yo soy el Señor cuando haga saltar las coyundas de su yugo y los libre del poder de los tiranos. No volverán a ser botín de las naciones, ni los devorarán las fieras del campo; vivirán seguros, sin sobresaltos.

Les daré un plantío famoso: no volverá a haber víctimas del hambre en el país, ni tendrán que soportar la burla de los pueblos. Y sabrán que yo, el Señor, soy su Dios y ellos son mi pueblo, la casa de Israel —oráculo del Señor—. Vosotros sois rebaño mío, ovejas de mi grey; y yo soy vuestro Dios. —Lo dice el Señor—.»

SEGUNDA LECTURA

De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén.» Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.

La vida perdurable consiste primariamente en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante. Esta unión consiste en la visión perfecta: Al presente vemos a Dios como en un espejo y borrosamente. Entonces lo veremos cara a cara.

También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.

Consiste asimismo en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti.»

Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y por esto sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto dice el Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante»; y también: «Él sacia de bienes tus anhelos.»

Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.

La vida perdurable consiste también en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y por esto se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

R. Libraré a mis ovejas y las sacaré de todos los lugares por donde se dispersaron en un día de oscuridad y nubarrones, y las traeré a su tierra. * Las apacentaré en ricos pastizales.
V. Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

R. El ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, y empujó fuera del horno la llama de fuego; * y no los tocó el fuego ni les causó molestia alguna.
V. Bendito sea su Dios, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que confiaron en él.

R. Con mi apelación vengo a tu presencia, * y al despertar me saciaré de, tu semblante.
V. Ahora conozco a Dios imperfectamente, pero entonces lo conoceré como soy por él conocido.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.