OFICIO DE LECTURA
Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.
Hoy la memoria es libre
Puede rezarse el oficio de la feria o el de Santa Catalina de Alexandria, virgen y mártir.
V. Señor, ¿a quién vamos a ir? R. Tú tienes palabras de vida eterna.
Himno
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
A la voz de tu aliento
se estremeció la nada:
la hermosura brilló
y amaneció la gracia.
Señor, ¿a quién iremos,
si tu voz no nos habla?
Nos hablas en las voces
de tu voz semejanza:
en los goces pequeños
y en las angustias largas.
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
En los silencios íntimos
donde se siente el alma,
tu clara voz creadora
despierta la nostalgia.
¿A quién iremos, Verbo,
entre tantas palabras?
Al golpe de la vida,
perdemos la esperanza;
hemos roto el camino
y el roce de tu planta.
¿A dónde iremos, dinos,
Señor, si no nos hablas?
¡Verbo del Padre, Verbo
de todas las mañanas,
de las tardes serenas,
de las noches cansadas!
¿A dónde iremos, Verbo,
si tú eres la Palabra? Amén.
Salmodia
Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a tu nombre.
Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
Ahora, en cambio,
nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi enemigo.
Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
Salmo 43
En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. (Rm 8, 37)
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia.
Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
PRIMERA LECTURA (Año I)
Del libro del profeta Ezequiel · 38, 14-39, 10
En aquellos días, el Señor me dirigió la palabra y me dijo:
«Hijo de hombre, profetiza contra Gog: Esto dice el Señor: Aquel día, cuando mi pueblo Israel habite confiado, te despertarás y vendrás desde tu territorio, desde el norte remoto, con tropas aliadas incontables, todos montados a caballo, una gran milicia, un ejército inmenso, y atacarás a mi pueblo, Israel, lo mismo que un nublado, hasta cubrir el país. Al cabo de los años, te traeré contra mi país, para que, al ver mi santidad actuando sobre ti, Gog, me reconozcan las naciones.
Esto dice el Señor: Tú eres aquel de quien hablé antiguamente por medio de mis siervos los profetas de Israel; ya entonces profetizaron que yo te traería contra ellos. Aquel día, cuando Gog invada la tierra de Israel —oráculo del Señor—, brotará mi cólera y mi indignación. En el fuego de mi furia y en mi pasión lo juro: aquel día habrá un gran terremoto en la tierra de Israel, temblarán en mi presencia los peces del mar y las aves del cielo, las fieras del campo y los reptiles del suelo, y todos los hombres de la superficie de la tierra. Se derrumbarán las montañas, los barrancos se despeñarán y las murallas se desplomarán.
Daré cita contra él a la espada —oráculo del Señor—, y la espada de cada uno se volverá contra su hermano. Pleitearé con él con peste y con sangre; haré que lluevan trombas de agua y granizo, fuego y azufre sobre él y sus huestes y sus tropas aliadas incontables. Mostraré mi grandeza y mi santidad y me daré a conocer a muchas naciones, y sabrán que yo soy el Señor.
Y tú, hijo de hombre, profetiza así contra Gog: Esto dice el Señor: Aquí estoy contra ti, Gog, adalid y caudillo de Mesec y Tubal, voy a revolverte y a sacarte, te levantaré en el norte remoto y te llevaré a los montes de Israel. De un golpe te tiraré el arco de la mano izquierda, y las flechas se te caerán de la mano derecha. En los montes de Israel caeréis, tú con todas tus huestes y las tropas que vienen contigo. Te daré como pasto a todas las aves de rapiña y a las fieras salvajes. Caerás en campo abierto, pues yo lo he dicho —oráculo del Señor—.
Enviaré fuego contra Magog y los que habitan confiados en las islas, para que sepan que yo soy el Señor. Daré a conocer mi nombre santo en medio de mi pueblo Israel; ya no profanaré mi nombre santo, y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el Santo de Israel. Mira que llega, que sucede —oráculo del Señor—: es el día que predije.
Saldrán los vecinos de las villas de Israel y prenderán y quemarán las armas: arco y flechas, adarga y escudo, venablo y jabalina; harán fuego con ellas durante siete años. No tendrán que acarrear leña del monte ni tendrán que cortarla en los bosques, pues harán fuego con las armas. Saquearán a sus saqueadores y despojarán a sus despojadores —oráculo del Señor—.»
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo
Queridísimos hermanos, parece duro y se considera casi un peso oneroso lo que el Señor mandó en el Evangelio al decir: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo». No es duro lo que mandó aquel que ayuda a que se realice lo que manda. Niéguese, tome su cruz y siga a Cristo. ¿A dónde hay que seguir a Cristo sino a donde Él fue? Sabemos que resucitó y subió al cielo: hay que seguirlo allí. No hay que perder la esperanza, porque Él lo prometió, no porque el hombre pueda algo. El cielo estaba alejado de nosotros antes de que nuestra cabeza subiera al cielo. ¿Por qué desesperamos de estar allí si somos miembros de su cabeza? ¿Por qué? Puesto que en la tierra estamos agobiados con muchas aflicciones y dolores, sigamos a Cristo, donde está la suma felicidad, la suma paz, la perpetua felicidad.
El que quiera seguir a Cristo debe escuchar al Apóstol cuando dice: «Si alguno afirma permanecer en Cristo, debe caminar también como Él caminó». ¿Quieres seguir a Cristo? Sé humilde donde Él fue humilde. No desprecies su humildad si quieres subir a donde Él subió.
El camino se hizo escabroso cuando el hombre pecó. Pero se allanó cuando Cristo lo pisó al resucitar, y el sendero estrechísimo se hizo senda real. Por este camino se corre con dos pies, el de la humildad y el de la caridad. Su grandeza gusta a todos: pero la humildad es el primer peldaño. ¿Por qué adelantas el pie más allá de ti? Quieres caer, no subir. Comienza por el primer peldaño, es decir, por la humildad, y ya has subido. Nuestro Señor y Salvador no dijo solamente: Niéguese a sí mismo, sino que añadió: Tome su cruz y sígame. ¿Qué es tomar la cruz? Soporta lo que es molesto: sígame así. Cuando comience a seguirme en mi manera de vivir y en mis mandamientos, habrá muchos que se le opongan, habrá muchos que lo obstaculicen: no sólo se burlarán sino que también lo perseguirán. Y esto lo harán no sólo los paganos que están fuera de la Iglesia sino también los que parecen estar dentro del Cuerpo aunque están fuera por sus perversas acciones y persiguen continuamente a los buenos cristianos, porque se glorían sólo del nombre de cristiano. Éstos están entre los miembros de la Iglesia como los malos humores en el cuerpo. Por tanto, si deseas seguir a Cristo, no tardes en llevar su cruz: soporta a los malvados, no sucumbas. Así pues, si queremos cumplir lo que dijo el Señor: si alguien quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame, con la ayuda de Dios debemos esforzarnos en cumplir lo que dice el Apóstol: Teniendo el sustento y el vestido estamos contentos, no sea que, si buscamos más de lo que conviene a la naturaleza terrena y deseamos ser ricos, caigamos en la tentación, en la trampa del diablo y en los muchos deseos, inútiles y nocivos, que hunden a los hombres en la muerte y en la perdición. Que el Señor, con su protección, se digne librarnos de esta tentación.
R. Las vírgenes, sus compañeras, son conducidas tras ella hasta el Rey. * Son conducidas hasta ti con alegría y júbilo.
V. Con tu belleza y hermosura ponte en camino, avanza feliz y reina.
Oración
Dios eterno y omnipotente, que conservaste invencible a santa Catalina en la virginidad y en el martirio por tu pueblo, concédenos que, por su intercesión, fortalezcamos nuestra fe y constancia y haz que podamos trabajar incesantemente por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
