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Orar

Lunes, 29 de noviembre de 2027

Lunes de la 1ª semana de Adviento

Adviento · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

Ven, Señor, no tardes,

ven, que te esperamos;

ven, Señor, no tardes,

ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,

el alma perdió el calor,

los hombres no son hermanos

porque han matado al Amor.

Envuelto en noche sombría,

gime el mundo de pavor;

va en busca de una esperanza,

buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida

y le falta corazón;

le falta cielo en la tierra,

si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,

baje el rocío a la flor,

ven, Señor, no tardes tanto,

ven, Señor. Amén.

Una clara voz resuena

que las tinieblas repudia,

el sueño pesado ahuyéntase,

Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma dormida

y sus torpezas sacuda,

que para borrar los males

un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero

que ha de lavar nuestras culpas;

con lágrimas imploremos

el perdón que nos depura,

porque en su nueva venida

que aterroriza y conturba,

no tenga que castigarnos,

mas con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria,

loor al Hijo en la altura,

y al Espíritu Paráclito

por siempre alabanza suma. Amén.

Salmodia

A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Salmo 5 · 5, 2-10. 12-13

«Por la mañana escucharás mi voz» debe entenderse de la resurrección de Cristo.

Señor, escucha mis palabras,

atiende a mis gemidos,

haz caso de mis gritos de auxilio,

Rey mío y Dios mío.

A ti te suplico, Señor;

por la mañana escucharás mi voz,

por la mañana te expongo mi causa,

y me quedo aguardando.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,

ni el malvado es tu huésped,

ni el arrogante se mantiene en tu presencia.

Detestas a los malhechores,

destruyes a los mentirosos;

al hombre sanguinario y traicionero

lo aborrece el Señor.

Pero yo, por tu gran bondad,

entraré en tu casa,

me postraré ante tu templo santo

con toda reverencia.

Señor, guíame con tu justicia,

porque tengo enemigos;

alláname tu camino.

En su boca no hay sinceridad,

su corazón es perverso;

su garganta es un sepulcro abierto,

mientras halagan con la lengua.

Que se alegren los que se acogen a ti,

con júbilo eterno;

protégelos, para que se llenen de gozo

los que aman tu nombre.

Porque tú, Señor, bendices al justo,

y como un escudo lo rodea tu favor.

A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.

Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Cántico · 1Cro 29, 10-13

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. (Ef 1, 3)

Bendito eres, Señor,

Dios de nuestro padre Israel,

por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

la gloria, el esplendor, la majestad,

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,

tú eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria,

tú eres señor del universo,

en tu mano está el poder y la fuerza,

tú engrandeces y confortas a todos.

Por eso, Dios nuestro,

nosotros te damos gracias,

alabando tu nombre glorioso.

Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

Salmo 28

Vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado mi predilecto.» (Mt 3, 17)

Hijos de Dios, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,

el Dios de la gloria hace oír su trueno,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es magnífica,

la voz del Señor descuaja los cedros,

el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo,

al Sarión como a una cría de búfalo.

La voz del Señor lanza llamas de fuego,

la voz del Señor sacude el desierto,

el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles,

el Señor descorteza las selvas.

En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

El trono del Señor está encima de la tempestad,

el Señor se sienta como rey eterno.

El Señor da fuerza a su pueblo,

el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

LECTURA BREVE

Is 2, 3

Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

Levanta tu mirada, Jerusalén, y contempla el poder de tu Rey: mira, tu Salvador viene a librarte de tus cadenas.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

Levanta tu mirada, Jerusalén, y contempla el poder de tu Rey: mira, tu Salvador viene a librarte de tus cadenas.

Preces

El Señor Jesucristo, luz de luz e Hijo de Dios vivo, nos arrancará de nuestras tinieblas para que podamos contemplar su gloria; acudamos, pues, a él y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Oh Luz indestructible que vienes a iluminar nuestras tinieblas, — despierta nuestra fe aletargada.

Haz que andemos con seguridad durante el día, — guiados por el resplandor de tu claridad.

Enséñanos a tener la verdadera bondad, — y haz que ella sirva para iluminar a los hombres.

Ven a crear la nueva tierra que anhelamos, — en la que habite la justicia y la paz.

Oración

Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.