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Orar

Jueves, 2 de diciembre de 2027

Jueves de la 1ª semana de Adviento

Adviento · Morado

OFICIO DE LECTURA

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de el Oficio de lectura cuando con él se abre el día.

V. Escuchad, naciones, la palabra del Señor. R. Y proclamadla en todos los confines de la tierra.

Himno

Verbo que del cielo bajas,

Luz del Padre que, naciendo,

socorres al mundo mísero

con el correr de los tiempos.

Ilumina el corazón,

quema de amor nuestro pecho,

y borren tus enseñanzas

tantos deslices y yerros,

para que, cuando regreses

como juez de nuestros hechos,

castigues el mal oculto

y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance

por nuestras culpas al fuego,

mas felices moradores

nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo

gloria y honor tributemos,

y al Espíritu Paráclito,

por los siglos sempiternos. Amén.

Salmodia

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

Salmo 17 · 17, 31-51

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rm 8, 31)

Perfecto es el camino de Dios,

acendrada es la promesa del Señor;

él es escudo para los que a él se acogen.

¿Quién es dios fuera del Señor?

¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?

Dios me ciñe de valor

y me enseña un camino perfecto;

él me da pies de ciervo

y me coloca en las alturas;

él adiestra mis manos para la guerra,

y mis brazos para tensar la ballesta.

La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.

PRIMERA LECTURA (Año I)

Del libro del profeta Isaías · 10, 5-21

¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrado a saco y despojado, para hollado como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Decía:

«¿No son mis ministros reyes? ¿No fue Calno como Cárquemis? ¿No fue Amat como Arpad? ¿No fue Samaría como Damasco? Como mi mano alcanzó aquellos reinos, de ídolos e imágenes mayores que los de Jerusalén y Samaría. Lo que hice con Samaría y sus imágenes, ¿no lo vaya hacer con Jerusalén y sus ídolos?» Cuando termine el Señor toda su obra en el Monte Sión y en Jerusalén, castigará el corazón orgulloso del rey de Asiria, la arrogancia altanera de sus ojos. Él decía:

«Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé, como un héroe, a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra; y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño.

Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura; y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego. La luz de Israel se convertirá en fuego, su Santo será llama: arderá y consumirá sus zarzas y sus cardos en un solo día. El esplendor de su bosque y de su huerto lo consumirá Dios de médula a corteza, un consumirse de carcoma. Árboles contados quedarán de su bosque, un niño los podrá numerar.

Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel.

Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios guerrero.

PRIMERA LECTURA (Año II)

Del libro del profeta Isaías · 16, 1-5; 17, 4-8

Enviad corderos al soberano del país, desde la Peña del desierto al monte Sión. Como aves espantadas, nidada dispersa, van las hijas de Moab por los vados del Arnón.

Danos consejo; toma una decisión; adensa tu sombra como la noche en pleno mediodía; esconde a los fugitivos, no descubras al prófugo. Da asilo a los fugitivos de Moab, sé tú su escondrijo ante el devastador.

Cuando cese la opresión, termine la devastación y desaparezca el que pisoteaba el país, se fundará en la demencia un trono: sobre él se sentará con lealtad, bajo la tienda de David, un juez celoso del derecho, dispuesto a la justicia.

Aquel día, la gloria de Jacob será humillada y enflaquecerá la carne de su cuerpo. Será como cuando el segador toma a brazadas la mies y su brazo siega las espigas; como se espigan los rastrojos del valle de Refaím y queda sólo un rebusco; como al varear el olivo quedan dos o tres aceitunas en lo alto de la copa y cuatro o cinco en las ramas fecundas —oráculo del Señor, Dios de Israel—.

Aquel día, el hombre mirará a su Hacedor, sus ojos contemplarán al Santo de Israel; y ya no mirará los altares, hechura de sus manos, ni contemplará las estelas y cipos que fabricaron sus dedos.

SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron

Para que los discípulos no le preguntaran sobre el tiempo de su venida, Cristo les dijo: Por lo que se refiere a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo. No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión. Lo ocultó para que estemos prevenidos y para que cada uno de nosotros piense que ello puede tener lugar en su propio tiempo. Pues si Cristo hubiera revelado el día de su venida, ésta se hubiera tornado un acontecimiento indiferente y ya no sería un objeto de esperanza para los hombres de los distintos siglos. Dijo que vendría, pero no dijo cuándo, y por eso todas las generaciones y épocas lo esperan ansiosamente.

Aunque el Señor estableció las señales de su venida, sin embargo, en modo alguno conocemos con exactitud su término; pues estas señales aparecen de muy distintas maneras y pasan, y algunas de ellas todavía perduran.

Con la última venida pasará algo semejante a lo que pasó con la primera.

Así como los justos y los profetas esperaron al Mesías pensando que se había de manifestar en su tiempo, también hoy cada uno de los cristianos desea que llegue ep sus propios días. Cristo no reveló el día de su venida, principalmente por esta razón: para que todos comprendieran que aquel a cuyo poder y dominio están sometidos los números y los tiempos no está sujeto al destino ni a la hora. Pero el que desde toda la eternidad había determinado este día y describió detalladamente las señales que lo precederían ¿ cómo podía ignorarlo? Por eso con aquellas palabras invitó a considerar sus señales, para que, desde entonces y para siempre, las generaciones de todos los siglos pensaran que su venida podría acontecer en su tiempo.

Estad en vela, porque cuando el cuerpo duerme es nuestra naturaleza la que domina y obramos no guiados por nuestra voluntad, sino por los impulsos de nuestra naturaleza. Y cUando un pesado sopor, por ejemplo, la pusilanimidad o la tristeza, domina al alma, ésta es dominada por el enemigo y, bajo los efectos de ese sopor, hace lo que no quiere. Los impulsos dominan a la naturaleza y el enemigo al alma.

Por lo tanto, el Señor recomendó al hombre la vigilancia de todo su ser: del cuerpo, para que evitara la somnolencia; del alma, para que evitara la indolencia y la pusilanimidad, como dice la Escritura: Despertaos, como conviene; y: Me levanté y estoy contigo; y también: No desfallezcáis. Por eso, investidos de este ministerio, no sentimos desfallecimiento.

R. Tiemblen los habitantes del país: que viene, ya está cerca el día del Señor. * Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón.
V. Vendrá el día del Señor como un ladrón: entonces desaparecerán los cielos con estruendo, los elementos abrasados se disolverán y la tierra con todas sus obras dejará de existir.

R. Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y practicará el derecho en la tierra. * Y será llamado: «El-Señor-nuestra-justicia».
V. Se fundará en la clemencia un trono: sobre él se sentará con lealtad un juez celoso del derecho, dispuesto a la justicia.

R. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: * lo he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de naciones.
V. Esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, y ciertamente que lo escucharán.

Oración

Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.