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Orar

Viernes, 17 de diciembre de 2027

17 de diciembre

Adviento · Morado

VÍSPERAS

Himno

Escucha, casa de David:

La Virgen pura se halla encinta;

Dios la acaricia y la fecunda

y la hace Madre de la vida.

La Virgen grávida nos lleva

en el secreto de su dicha;

la Virgen fiel nos abre ruta

por su obediencia de discípula.

Espera en calma la agraciada,

con ella el mundo se arrodilla;

levanta el pobre la mirada,

con ella pide la venida.

Nacido en tiempos sin aurora,

el Hijo espera con María.

¡Oh Dios de amor, nuestra esperanza,

cambia tu espera en parusía!

¡A ti, Jesús, Hijo esperado,

aparecido en nuestros días,

con santo júbilo cantamos!

¡Ven en tu reino, ven de prisa! Amén.

Ya muy cercano, Emmanuel,

hoy te presiente Israel,

que en triste exilio vive ahora

y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,

Sabiduría del Señor,

pues con tu luz, que el mundo ansía,

nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor,

del Sinaí legislador,

que la ley santa promulgaste

y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,

contigo el pueblo a lo que fue

volver espera, pues aún gime

bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin

el cielo abriste al pueblo ruin,

que hoy puede andar, libre su vía,

con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,

nos trae nuevo amanecer,

y con tu luz, viva esperanza

el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder

al enemigo ha de vencer,

y al ayudar nuestra flaqueza,

se manifiesta tu grandeza. Amén.

Salmodia

De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.

Salmo 134

Vosotros sois… un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. (1Pe 2, 9)

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

Envió signos y prodigios

—en medio de ti, Egipto—

contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos;

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.

Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.

Salmo 134

Vosotros sois… un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. (1Pe 2, 9)

Señor, tu nombre es eterno;

Señor, tu recuerdo de edad en edad.

Porque el Señor gobierna a su pueblo

y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,

hechura de manos humanas:

tienen boca y no hablan,

tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,

no hay aliento en sus bocas.

Sean lo mismo los que los hacen,

cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;

casa de Aarón, bendice al Señor;

casa de Leví, bendice al Señor;

fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,

que habita en Jerusalén.

Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.

Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.

Cántico · Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.

LECTURA BREVE

1Ts 5, 23-24

Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Magnificat

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

Cántico de María Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

Preces

Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:

Ven, Señor, y no tardes más.

Esperamos alegres tu venida, — ven, Señor Jesús.

Tú que existes antes de los tiempos, — ven y salva a los que viven en el tiempo.

Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, — ven a restaurar la obra de tus manos.

Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, — ven y arráncanos del dominio de la muerte.

Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, — ven y danos tu vida eterna.

Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, — ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.

Oración

Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.