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Orar

Sábado, 18 de diciembre de 2027

18 de diciembre

Adviento · Morado

LAUDES

Si esta es tu primera oración del día, comienza con el Invitatorio: se dice antes de Laudes cuando con él se abre el día.

Himno

La pena que la tierra soportaba

a causa del pecado, se ha trocado

en canto que brota jubiloso

en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,

la alianza se cumple, poderosa,

el Verbo eterno de los cielos

con nuestra débil carne se desposa.

Misterio que sólo la fe alcanza,

María es nuevo templo de la gloria,

rocío matinal, nube que pasa,

luz nueva en presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,

al Hijo suyo amado Jesucristo,

que quiso nacer para nosotros

y darnos su Espíritu divino. Amén.

Que viene Cristo repiten

con su clamor los profetas

previniendo que la gracia

de la redención se acerca.

Se anuncia nuestro mañana,

los corazones se alegran,

anunciadores de gloria

miles de voces resuenan.

Fue el primer advenimiento

no de castigo ni de pena,

sino por curar heridas

salvando a quien pereciera.

Mas que ha de venir de nuevo,

su venida nos alerta,

a coronar a los justos

y a darles la recompensa.

Luz perenne se nos brinda,

la salvación centellea,

y un resplandor nos convoca

a las mansiones etéreas.

Oh Cristo, anhelamos verte

cual Dios en visión perpetua,

porque este gozo será

bienaventuranza eterna. Amén.

Salmodia

El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

Salmo 118 · 118, 145-152

Te invoco de todo corazón;

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo y de la tierra brote el Salvador.

Cántico · Sb 9, 1-6. 9-11

Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente… ningún adversario vuestro. (Lc 21, 15)

Dios de los padres y Señor de la misericordia,

que con tu palabra hiciste todas las cosas,

y en tu sabiduría formaste al hombre,

para que dominase sobre tus creaturas,

y para que rigiese el mundo con santidad y justicia

y lo gobernase con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono

y no me excluyas del número de tus siervos,

porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,

hombre débil y de pocos años,

demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues aunque uno sea perfecto

entre los hijos de los hombres,

sin la sabiduría, que procede de ti,

será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,

que te asistió cuando hacías el mundo,

y que sabe lo que es grato a tus ojos

y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos

y de tu trono de gloria envíala

para que me asista en mis trabajos

y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,

y me guiará prudentemente en mis obras,

y me guardará en su esplendor.

Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo y de la tierra brote el Salvador.

Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

Salmo 116

Así es: los gentiles glorifican a Dios por su misericordia. (Rm 15, 8. 9)

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

LECTURA BREVE

Rm 13, 11b-12

Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R. Amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.

R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Benedictus

No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tiniebla

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.

Preces

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores, — líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, — muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, — para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos, — concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.

Oración

Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la Navidad de tu Hijo, a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del pecado por el cual estamos oprimidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.